Tradiciones

El Hornazo

Un impulsor del hornazo ha sido mi tío Luis de Miguel y mi tía Luisa Manzano que hasta hace bien poco han tenido una industria, fue Hornazos de Miguel Manzano SA, con el nombre de MIZANOR, con la que ha comercializado el Hornazo en centros comerciales tan importantes como Al Campo, Corte Ingles, etc.
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       Elaborados con aceite puro de oliva y huevos; en su interior chorizo ibérico,  luego se cuece, dando un exquisito sabor.

        Pudo y debió ocurrir así. Hace muchos años; siglos atrás. Un día cualquiera de una primavera cualquiera. Primavera crecida de verano anticipado, caluroso, torrante. Sobre una mambla. Sobre una colina, otero de rabadán. Y allí un pastor - ¿Juan, Pablo, José?... ¡Que más da! - con la mirada fija, absorta, sobre un pan abierto fruto de la última hornada y milagro cotidiano del vivo hurmiento, llama perenne del <<matahambres>> del pueblo desde más siglos atrás. El aire quieto, paralizado, dejando oír las próximas esquilas, el chirriar de los grillos y el sostenido de las chicharras. Arropando el ambiente, olor a encinas de grandes cabezas; olor de charrería.

        Aquel día, sus vecinos celebraban la fiesta de la alquería, pero él, el pastor, hubo de marchar al pastizal con su hato. Sólo una diferencia marcaba el día de fiesta:  en su colodra de pastor, primorosa y pacientemente labrada a punta de navaja, aparte del obligado tocino, la mujer -su pastora- había completado el compango con unas tajadas del lomo guardado para los días grandes y, también, con una buena capadura de grasiento chorizo. En el zurrón, unas raspas suplementarias de viejo queso curado, duro y picante para tirar del vinillo.

        Sí, sobre el pan abierto, el pastor -Juan, Pablo, José...- ¡Que más da! dibujó un mosaico. Las teselas eran tajadillas de lomo, chorizo troceado y láminas de tocino entreverado. Y, respetuoso, quiso domeñar sus apetitos en un acto de voluntad oferente, fija su vista en la paniega mientras el sol clavaba en ésta sus rejones de fuego y la boca se le deshacía en liquida saliva.

        Gotas e hilillos de grasa comenzaron a pringar la miga, tiñéndola. El pastor casó las dos partes del pan y apretó fuerte para, otra vez, repetir el rito. De nuevo el sol prosiguió su lenta fritura y con ella la destilación grasienta. Así, dos, tres veces, más hasta que dio por terminado su voluntario suplicio tantálico,  arremetiendo con hambre contenida el gran bocado. A nuestro pastor, jamás le supo mejor el refrigerio campestre que aquel día de fiesta.

        En la hora de sestear, acariciando por la modorra, el pastor aún tuvo tiempo para la meditación. Y pensó que el placer de su solitaria cuchipanda fue posible porque el sol se hizo cocinero. Pero ¿qué ocurriría cuando la <<gracia de Dios>> fuese débil o no quisiese alumbrar en directo al hombre?.... ¿Habría de renunciar él, el pastor, a un gozo semejante?... ¿Por qué no suplir el calor del sol por el del horno de leña?... Y con aquella idea en su magín, simple pero luminosa, regresó junto a la pastora al son cansino de las esquilas.

        Otro día, cuando el bolo de masa gramada y reposada, crecida por el hurmiento, iba a entrar en el horno para transformarse en crujiente hogaza, el cuchillo de la pastora lo abrió por el medio, en horizontal, injertándole jugosas tajadas del lomo de los días grandes y trozos de grasiento chorizo. El horno, caldeado en su punto con rojos rescoldos de encina, elaboró el milagro que dio por resultado el nacimiento de la empanada u <<hornazo sapiens>>. Luego el tiempo. Y la lógica evolución trajo el resto: con el agua se mezcló manteca, cuando no aceite, al trabajar la masa; otros aditamentos en el condumio de relleno le dieron más variedad; que si huevos cocidos, más baratos, para robar algo de espacio a las caras tajadas; la decoración artesanal y sus brillos; etcétera. Y el paso de una familia a otra y sus rivalidades para hacerlo mejor; y de un pueblo al vecino, hasta que su geografía culinaria -la geografía del hornazo- se ensanchó por tierras del Tormes, y del Águeda, y del Yeltes, saltando de los llanos y valles a las sierras de montaña; siempre estimulando el ingenio de las gentes hacedoras... No en vano Faustino Cordón nos ha dicho que <<cocinar hizo al hombre>>.

        Así y no de otra forma es cómo me imagino el nacimiento del Hornazo de nuestras tierras, hermano de otras empanadas surgidas, quizá de forma similar en distintas latitudes.

        Sí; pudo y debió ocurrir así.....

        Pero cuando el hornazo adquiere auténtica naturaleza popular es en su arribo a la renaciente capital, en el momento en que toma asiento en las festivas mesas estudiantiles, con autoridad, mandando, mientras el goliárdico <<Gaudeamus igitur>> invitaba a ruidosas y alegres libaciones.

        Hay memoria -harto conocida-, incrustada en las leyendas y costumbres salmantinas, que dice que allá, a finales del siglo XVI, cuando eran superadas las vedas amorosas que imponían las autoridades en los píos tiempos de Cuaresma en que se retiraban obligatoriamente de circulación, aunque de forma transitoria, las mujeres de alegre vivir para no incitar al pecado, se organizaba cada año en Salamanca una popular fiesta consistente en ir a buscar dichas mozas, concentradas en predios tejareños, para reintegrarlas a la ciudad, a su <<casa de mancebía>>, y restituirles de nuevo su especifica función social. Era una fiesta simpática, campestre, jaranera, en la que estudiantes, vecinos y chusma bajaban por el Tormes hasta la patria chica de Lazarillo, bien por el camino de sirga o en barcas profusamente adornadas con ramas y flores -hay quien opina que lo de ramera tiene algo que ver con estos adornos florales-, y allí rescataban para la ciudad, para la Salamanca del estudio, parte de su vida hipotecada durante cuarenta largos días. Y al regreso era preceptivo dar, también, al estómago fiesta saboreando el contundente y suculento hornazo. Fiesta del <<Lunes de Aguas>> porque el lunes siguiente al domingo de cuasimodo era el día elegido. Y fiesta que cuatro siglos después, hoy día, sigue celebrándose sin rameras de <<picos pardos>>, pero si con el imperecedero hornazo que juega un papel preponderante.

        Más, el hornazo se ha adueñado de otras mil fiestas y días, y así lo tenemos presente en cualquier mesa y lugar alegre de nuestras tierras que se precien de saber elegir para cualquier festejo el bocado más excelente.

        ¡Loa eternal al hornazo, señor indiscutible del mundo de las empanadas!

        Por eso en su publicidad se decía...  "Prueba un trozo.... de historia"

COBRAR LOS ESTILOS

        A la novia: Cuando un santeño casaba con un moza de otro pueblo, los mozos del pueblo le quitaban el zapato a la novia, y no se lo devolvían hasta que había pagado unos vinos a todos los mozos.

        Al novio: Los mozos del pueblo le tenían que cobrar el vino al novio que se casaba con una moza del pueblo.

RAMO DE NOVIOS     ver fotos del canto del ramo y fiesta

        Se cantaba en la noche de bodas y dice así.

En el pueblo de Los Santos
os damos la bienvenida
que seáis muy felices
en el resto de la vida
Estribillo (1) y (2)
Llegáis de otra comarca
a nuestro pueblo querido
pues os recibimos a todos
con los brazos muy abiertos
Estribillo (1) y (2)
Le pedimos a la Virgen
a nuestra Virgen del Gozo
que la unión sea para siempre
de este hermoso matrimonio
Estribillo (1) y (2)
El novio le da a la novia
un anillo de oro fino
ella le da a el su palabra
que vale mas que el anillo
Estribillo (1) y (2)
Los novios que se han casado
los dos me parecen bien
ella parece una rosa
y el parece un clavel
Estribillo (1) y (2)
Esta noche esta enrollada
de onzas de chocolate
que la ha enrollado el novio
para que la novia pase
Estribillo (1) y (2)
Los besos que le da el novio
se los da con mucho amor
y los que le da la novia
con todo su corazón
Estribillo (1) y (2)
Si alguno vive en la casa
que salga y nos coja el ramo
pues esto ya termino 
y nosotros nos marchamos
Estribillo (1) y (2)
Estribillo (1)
Y que crezca el honor
de la espiga y el trigo
que crezca el honor
de novia y padrinos
Estribillo (2)
Que Viva.. Que Viva..
la flor de la clavelina
que Viva.. que Viva...
la flor de la rosa bella
que Viva.. que Viva...
el galán que se la lleva

Estas fotos se puede ver la forma de como se hacían las cosas antes, en lo que hace referencia al tratado de las reses así como la forma que se trillaba antes en la era.

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Cena de los segadores

        Durante muchos siglos y hasta unos pocos años "En llegando la época de la siega", fuisteis muchos los hombres y mujeres de Los Santos quienes, con mucho sacrificio, sudor y salero, supisteis ganar con dignidad en los pueblos de Castilla los duros de plata y oro tan vitales para el invierno.

        Justo es celebrar, como un humilde homenaje, este acto en vuestro honor y en este marco incomparable de la Iglesia Parroquial y como preludio de las fiestas patronales de San Bartolomé Apóstol.

        "Ya falta un día menos para la fiesta de San Bartolo", os decíais para animaros los unos a los otros mientras regabais con vuestro sudor, surco arriba y surco abajo, aquellas besanas arropadas en olas de fuego que parecían la antesala del infierno.

        ¡Como aguantaríamos aquello! os decís ahora sentados a la sombra de un castaño.

        La respuesta es muy sencilla, vuestro pensamiento siempre fue más fuerte que todo el sufrimiento y la alegría de ganar unos dineros, para entregárselos agradecidos a la madre, a la esposa, a la familia, al que te los había prestado era tan grande que valía la pena todos los sacrificios.

        La dignidad y la honda eran valores en mucha estima. Y uno podía se pobre, pero ante todo y sobre todo trabajador y honrado. ¡Que mejor carta de presentación que poder ir siempre con la cara bien alta!.

        "Para el año que viene cuento contigo -decía el amo-.¿Ha quedado usted contento conmigo? -respondía el criado. Eres un hombre como Dios mando muchacho. Y la alegría no le cabía en el cuerpo.

        Nos podríais hablar largo y tendido a los que no conocimos todo este. Permitid que nos unamos a vosotros en los cantos y en los bailes y así llegaremos a entender un poco lo que hoy queda, gracias a Dios como un duro pero hermoso recuerdo.

Foto del regreso de la siega (Foto cedida por Raúl Merino Campos)
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Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 06 de Diciembre del 2000
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