Tercer Itinerario   

Al reencuentro con los orígenes de la ciudad

Para esta jornada proponemos la visitas a diferente iglesias románicas que se edifican en época de repoblación o segundo nacimiento de la ciudad, e edificios, cómo no, renacentistas, y a la zona que conserva las huellas más antiguas de la ciudad, el verraco celtibérico y el puente romano.

En esta ocasión iniciamos nuestra andadura desde el parque de la Alamedilla. Si por las mañanas es lugar tranquilo y sosegado esta <<paz>> se <<acaba>> por las tarde cuando acuden a él numerosos niños acompañados, lógicamente por sus padres.

Desde la Alamedilla tomamos la curva del paseo de Canalejas para llegar a la cuesta de Sancti Spíritus. 

Ante nosotros se alza la iglesia del Sancti Spíritus, construcción prototípica del siglo XVI español en la que se conjugan perfectamente la estructura gótica con la ornamentación renacentista.

Fundada en el siglo XII en la colocación de los toreses, Alfonso IX hace donación de la iglesia a la Orden de Santiago, para pasar de las comendadoras de esta misma Orden. En 1541, la comendadora, Leonor de Acevedo, obtiene la licencia para reedificar la iglesia, que se consagra tres años más tarde. Esta iglesia gótica, de única nave con finos y airosos botareles sobresaliendo al exterior, se atribuía tradicionalmente a Juan Gil <<el Mozo>>. Pero gracias a las investigaciones del historiador José Fernández Arenas hay constancia documental de que es el lego dominico Fray Martín de Santiago quien da las trazas de la misma.

El interés de esta iglesia se centra en su portada colgada, atectónica; es sin duda una de las mejores portadas de la ciudad tanto por su delicada ornamentación como por el mensaje que transmite. Se trata de un síntesis  de la vida humana, en la que se toma como referencia los seis triunfos de Petrarca y a Santiago Matamoros como nuevo Hércules cristianizado. La puerta de medio punto y doble arquivolta está encuadrada por pilastras pareadas con grutescos. En las enjutas aparecen los medallones de don Martín Alfonso, hijo de Alfonso IX, y de su esposa de doña María Méndez; sobre el arco se halla una gran inscripción apócrifa alusiva a la fundación de la iglesia.

En el segundo cuerpo, con columnas abalaustradas, descuellan los bustos de San Pedro y Santiago dentro de medallones. Como remate, un frontón con la escena de Santiago Matamoros en la batalla de Clavijo. Pero los relieves más exquisitamente labrados son los de los frisos que separan los tres cuerpos. En ellos se representa, mediante carros y menudas figuras. los Triunfos de Petrarca, motivo muy utilizado, por otra parte, en puertas y sillerías de coro. Así pues, en estos frisos vemos la representación del Triunfo, del Amor, el Triunfo de la Castidad sobre el Amor, el de la Muerte sobre la castidad, el de la Fama sobre la Muerte, el del Tiempo sobre la Fama y, finalmente, el de la Divinidad sobre el Tiempo.

Entre las obras que se atesoran en el interior de la iglesia descuellan el retablo mayor y el coro del antiguo convento de las Comendadoras, hoy capilla del Cristo de los Milagros. El retablo, ensamblado por Alonso Martínez en 1644, posee esculturas y relieves de Antonio de Paz, en los relieves de los registros se representan distintas escenas relativas al apóstol Santiago y en el ático la Venida del Espíritu Santo. En el presbiterio podemos ver los sepulcros de los fundadores, don Martín Alfonso y doña María Méndez, y a los pies el coro, que se construye cuando la iglesia ya está consagrada. Lo más sobresaliente de esta capilla es la imagen del Cristo de los Milagros y el magnífico artesonado de elegante lacería, en el que volvemos a encontrar la representación de los Triunfos.

Ya en el exterior del templo tomamos a nuestra izquierda la calle del Pinto para llegar a la plaza de San Cristóbal, donde está la iglesia de San Cristóbal. Al igual que la anterior, se ubica en la colocación de los toreses. Su fundación se debe a la Orden de los Caballeros Hospitalarios, a mediados del siglo XII. De aspecto macizo, se alza sobre una plataforma de piedra. Lo más interesante dl templo se encuentro en el exterior, en las cornisas ajedrezadas que recorren los ábsides y el crucero, apoyadas sobre modillones, algunos de ellos decorados con hojas, bolas, figuras humanas o bien figuras de animales.  En  el interior muy modificado por la restauración llevaba a cabo en el siglo XVIII y por el posterior abandono, responde a la habitual estructura románica de planta de cruz latina y ábside tripartito. Lo más destacable son las impostas ajedrezadas y de cuadrifolios de los muros y el grupo escultórico del Santo Entierro, realizado por Pedro Hernández en el primer tercio del siglo XVII, situado en la capilla de la derecha.

Desde la plaza de San Cristóbal descendemos hacia la Gran Vía y frente a nosotros encontramos la plazuela de San Julián, donde está la iglesia de San Julián y Santa Basilisa, y a su lado, en la plaza de Sexmeros, la casa de los Sexmeros de la Tierra. Pero antes de realizar estas visitas conviene pasear por la Gran Vía o calle de España, una de las principales arteria de la ciudad, en la que se ubican diversos organismos oficiales, así como numerosos establecimientos comerciales de topo tipo. A pesar de ser construcción de este siglo, los edificios responden a esquemas de siglos anteriores, con la finalidad de otorgar una cierta uniformidad a la ciudad, uniformidad que se acrecienta por el uso de la piedra de Villamayor. Mientras paseamos, llegamos hasta la ajardinada plaza de la Constitución, donde se alza, gallarda, la torre del Aire, torre del palacio que los señores de Fermoselle se hacen construir en 1440. 

 Actualmente el edificio pertenece a la congregación de las Hijas de María Inmaculada. Algunos de sus vanos, distribuidos irregularmente por la fachada, poseen buena labor de tracería enmarcada por alfiz. Su estructura recuerda enormemente a los campaniles italianos y a las torres de distintos edificios de Siena, Bolonia o Florencia.

Torre del Aire

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Regresamos hacia la plazuela de San Julián para proseguir con nuestras visitas <<religiosas>>.

También su territorio de los toreses y en el mismo siglo XII se construye la iglesia de San Julián y Santa Basilisa. Si bien el templo fue en su origen románico, como vemos en la portada de la plaza de Sexmeros, con arquivoltas y alero sobre cenecillos, la construcción actual es el resultado de las reedificaciones y reconstrucciones efectuadas en los siglos XVI, XVII y XVIII. A pesar de lo avanzado de las fechas la iglesia se construye dentro de la estética gótica y la portada de la calle de San Julián en estilo renacentista tardío. En el interior abunda la decoración barroca, tanto en el retablo mayor como en las bóvedas molduradas. El retablo mayor presenta columnas salomónicas profusamente decoradas y camarín central rodeado de figuras de ángeles. En su interior alberga la imagen en alabastro de la Virgen de los Remedios, de finales del siglo XV. En el ático descuella el lienzo de la Inmaculada Concepción de José Antolínez, del siglo XVIII, y a ambos lados del camarín las imágenes de los santos titulares de la parroquia, del siglo XVIII.  Otras obras interesantes son el sepulcro de don Francisco Rodríguez de Manzano, preceptor de Carlos II, de la mano de Juan de Setién, a la izquierda del presbiterio, y la imagen de vestir de Jesús Nazareno, que se atribuye a José de Larra Churriguera. Elemento curioso es el navío que cuelga de la bóveda en recuerdo de los salmantinos emigrados a América que enviaron dinero para la reconstrucción de la iglesia.

En la misma plaza de San Julián vemos la casa de las Viejas, cuya finalidad era acoger a las viudas pobres, y en la plaza de Sexmeros, la casa de los Sexmeros de la Tierra, actualmente ocupado por la Cámara Oficial de Comercio e Industria y el Centro de Iniciativas Turísticas. En este edificio del siglo XV tenían su sede, durante el siglo XVIII, los Sexmeros de la tierra, concejales encargados de controlar y vigilar el grano que se guardaba en los pósitos anexos. Por encima de la portada sobresale la decoración de esgrafiados y en el interior se conserva un pequeño y hermoso patio.

Como estamos en zona de numerosos bares y restaurantes, creemos conveniente, antes de acercarnos a la dona dominicana y del Tormes, tomar algunos vinos, una caña y probar alguna tapa, mientras entablamos conversación con los habituales del lugar y como preámbulo para la posterior comida. Entre los varios restaurantes que existen en este núcleo sugerimos El Botón Charro, donde podemos degustar unos excelentes cardos con salsa de almendra y una buena chuleta, o bien Chapeau, restaurante en el que preparan una magnífica carne asada en su horno de leña. Muy recomendables son los pimientos con anchoas  y bonito y las vieiras recubiertas de hojaldre para continuar con un buen asado de cordero, de cabrito o de cochinillo, según las preferencias, regado con un Protos de buen cuerpo y paladar. En los postres no podemos dejar de tomar una ración de leche frita de suave textura.

Con nuevas fuerzas en el cuerpo nos dirigimos a través de la Gran Vía y de la calle Marquesa de Almarza hacia el paseo de Canalejas. Aquí encontramos el convento de la Bernardas de Jesús. Del convento que doña María de Anaya dunda en 1552 únicamente se conserva la iglesia y el patio; las dependencias conventuales desaparecieron y en su lugar se levanta el Colegio de los Padres Escolapios. Para acceder a la iglesia es necesario cruzar el patio.

En 1552 Rodrigo Gil de Hontañón firma el contrato para llevar a cabo la construcción de la iglesia, en la que se advierte claramente la combinación de estructura gótica con elementos formales y decorativos a la romana. Su espíritu es completamente renacentista. Muy acertada es la manera de resolver el cubrimiento de la capilla. Mayor con una gran venera sobre trompas aveneradas, cubrimiento que contrasta con las bóvedas de crucería de la nave. La portada, a modo de retablo, se abre mediante arco triunfal compartido. Curiosas y típicas de Gil de Hontañón sin las hojas de acanto que sitúa en la clave y los sálmeres del arco. No faltan los medallones, la heráldica, las columnas monstruosas en los extremos y los candeleros en el frontón. La hornacina se cubre con venera a imitación del ábside y en ella se representa a San Bernardo de Claraval ante la Virgen y el Niño. A los pies de la iglesia está la puerta de acceso al claustro; éste presenta doble galería siendo la superior de doble arcuación que la inferior, modelo que también veremos en otros edificios.

Muy Cerca del colegio, en la plaza de Santo Tomás, está la iglesia románica de Santo Tomás de Canterbury o Cantuariense, la primera construida en el mundo de honor del primado de Inglaterra. Tomás Becket. Situada en la colocación de los portogaleses. son los hermanos ingleses Ricardo y Randulfo quienes mandan edificar la iglesia en 1175, tres años después de la canonización del mártir británico.

Esta iglesia, de pequeñas proporciones, presenta buena fábrica. En el exterior lo más sobresaliente son los tres ábsides, en los que se aprecian modillones bajo la cornisa decorados con cabezas humanas y de animales, lazos, hojas....; ventanas sobre columnas que presentan distintos motivos geométricos y vegetales e imposta con hojas redondas. La portada norte, con arquivoltas ojivales, tiene buenos capiteles. El ingreso a la iglesia se hace por la torre. Aunque actualmente aparece casi desprovista de ornamentación, hasta no hace mucho se cubría con bóveda de yeserías y los ábsides poseían retablos barrocos. En el brazo sur del crucero podemos admirar el sepulcro de don Diego de Velasco, obispo de Ávila, del siglo XVI.

Casi frente a la iglesia, en la calle Escoto está el antigua colegio de Calatrava y actual Seminario. La Orden Militar de Calatrava funda su Colegio en 1552, época dorada de la Universidad. Pero no es hasta 1717 cuando deciden construir este edificio de gran empaque y monumentalismo. Joaquín de Churriguera es quien realiza el proyecto y dirige la construcción hasta su muerte. A partir de esta fecha, 1724, la obra entra en una fase de estancamiento que dura un cuarto de siglo. Por fin en 1750, mientras Andrés García de Quiñones dirige las obras de la plaza Mayor, su hijo Jerónimo García de Quiñones se hace cargo de las del colegio, ahora bajo cánones neoclásicos, cánones pactados entre el rector del colegio, don Francisco Ibáñez, el abate y viajero Antonio Ponz y el escritor Gaspar Melchor de Jovellanos, todos ellos fervientes ilustrados. Es así como se elimina la decoración proyectada por Churriguera, sobre todo en la iglesia y en el patio. La fachada, aunque más austera, tiene resabios barrocos.

A imitación de los alcázares, el colegio posee cuatro torres, dos de ellas encuadrando la fachada. Sobre amplia escalinata, se elevan los dos cuerpos del edificio con múltiples vanos entre pilastras y balaustrada se remate. El elemento más barroco del conjunto es la portada, que aparece flanqueada por columnas decoradas y ángeles sobre volutas que ondean la bandera de la Orden. Sobre el dintel campea el escudo de ésta, la imagen de San Raimundo de Fitero en hornacina avenerada y la heráldica de Felipe V en la espadaña.

Desde este lugar nos disponemos a visitar dos de las joyas de la ciudad, el claustro del convento de las Dueñas dominicas, ante el que casi se siente la <<necesidad>> de fotografiar cada capitel y cada zapata, y el convento de San Esteban, que posee una de las fachadas más ricas del plateresco y de Salamanca. Cuando el sol incide sobre ella, su fina y delicada labor escultórica se muestra en todo su esplendor.

Desde la calle Escoto descendemos hasta la plaza del Concilio de Trento. donde se alzan ambos edificios. La fundación del convento de Santa María de la Consolación de la Dueñas Dominicas se debe a doña Juana Rodríguez y su esposo don Juan Sánchez Sevillano, contador Mayor de Castilla bajo Juan II, en quienes en 1419 ceden su palacio para la construcción del mismo.
Convento las Dueñas
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Tanto la iglesia como el claustro que hoy admiramos no se realizan hasta un siglo después, a mediados del siglo XVI. Aunque tradicionalmente se menciona a Rodrigo Gil de Hontañón o a Juan de Álava como arquitectos del convento, más bien parece ser obra de Fray Martín de Samtiago, quien en los mismos años está al frente de la empresa de San Esteban, a cien metros escasos de las Dueñas, y ambos bajo la jurisdicción del prior de San Esteban. Por este motivo y por las analogías estilísticas entre la fachada de la iglesia y las  fachadas de Sancti Spíritus y de la iglesia de Corpus Christi, así como las analogías entre el claustro y otros claustros realizados por el dominico en Talavera, Ocaña, Zamora...., parece muy probable que fuera Fray Martín de Santiago quien proporcionara las trazas y dirigiera las obras del convento hasta su fallecimiento.

La iglesia, que se edifica hacia 1533, es de nave única cubierta por bóveda de terceletes. La fachada es renacentista salmantina; es atectónica, colgada, con abundante decoración, curiosas columnas estranguladas y los escudos de la Orden dominicana.

A través de un pequeño patio accedemos al recoleto claustro, en el que el tiempo parece haberse detenido. En pocos lugares se consigue la serenidad que se respira entre estos muros y estos arcos.

Aunque la planta del patio irregular, la sensación de armonía es grande. Consta de dos galerías, la inferior con arcos rebajados y la superior con dinteles y doble número de huecos sobre zapatas.  En la planta inferior descuellan los capiteles labrados con cabezas humanas y de animales y los veintitrés medallones de las enjutas con efigies, probablemente de personajes con efigies, probablemente de personajes históricos. El ingreso al segundo piso se hace a través de un arco mudéjar decorado con alicatados, resto del palacio de doña Juana Rodríguez. En esta galería asombran los capiteles y sobre todo las zapatas, profusamente decorados. En las cuatro esquinas de los capiteles aparecen figuras humanas con las manos y los pies terminados en formas vegetales; son figuras asexuadas. En ocasiones las cabezas son de animales. Todas las figuras tiene una fuerza y un dinamismo enorme. Las zapatas se apoyan sobre figuras contorsionadas, desnudas, dolientes, híbridas; otras, más humanas, van vestidas. Existe una gran variedad de formas y expresiones. Por encima de las zapatas corre un friso decorado interior y exteriormente con flores, medallones y escudos de la Orden dominicana. Cada figura, flor y escudo del interior se corresponde con otra en el exterior, salvo raras excepciones. En los medallones se representan los bustos de santos, profetas y la Virgen, todos ellos con sus correspondientes símbolos.

Por si la visión del claustro no fuera suficientemente bella, sobre su tejado se recorta la silueta de la cúpula de la catedral, con sus arbotantes y pináculos. En este convento, además, podemos adquirir dulces y pastas que elaboran las religiosas de forma artesanal y esmerada.

Antes de acercarnos al convento de San Esteban admiramos, desde la plaza Concilio de Trento. la impresionante grandeza y monumentalidad de su fachada y vemos la estatua del padre Francisco de Vitoria, obra de Francisco de Toledo.

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El actual convento de San Esteban se debe al patrocinio de Fray Juan Álvarez de Toledo, hijo del duque de Alba, obispo de Córdoba, arzobispo de Burgos y cardenal de Santiago de Compostela. Entre sus muros han habitado figuras de la categoría de Melchor Cano, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria, y Martín de Santiago, autor de buena parte del edificio. El proceso constructivo es largo y son varios los arquitectos que se suceden en la dirección. La obras se inicia el 29 de Junio de 1924 con planos de Juan de Álava. En 1530 se nombra a Fray Martín de Santiago maestro de la obra y efectúa cambios en el crucero y la cabecera. En 1540, cuando ya se ha construido desde la portada hasta la altura del crucero, se coloca un muro provisional y se abre al culto. El mismo año se procede al derribo de la iglesia de San Juan, que estaba en la cabecera y era donde se oficiaba, y se inicia el crucero y la cabecera con los nuevos planos de Fray Martín; de acuerdo con éstos se amplía el crucero, se prolonga en un tramo el ábside y se incorporan dos capillas laterales a ambos lados del mismo. Tras la muerte de Martín de Santiago en 1548, Rodrigo Gil de Hontañón interviene en la escalera de Soto y en la puerta del claustro de los Reyes. En 1557 fallece el fundador y se paralizan las obras; se reanudan en 1562 con Pedro de Hinestrosa que está al frente de las mismas hasta 1567. Tras otra interrupción se reanudan en 1571; Juan de Ribero Rada y Pedro Gutiérrez son quienes trabajan hasta 1610, en que se cierra el cimborrio.

La fachada a modo de retablo y de gran arco triunfal, se desarrolla bajo un gran arco, en cuyo intradós se sitúan casetones con elementos florales. Los elementos estructurales -portada, pilastras, hornacina- están repletos de decoración grutesca. Las figuras bajo doseletes y los bustos de los tondos representan a personajes del Antigua Testamento -Moisés, Salomón...-, santos -Santo Domingo, San Francisco de Asís...-, apóstoles -Santiago- y personajes mitológicos -Hércules, Venus-. Los personajes representados en las láureas son miembros de la casa de Alba, cuya heráldica también campea por la fachada. En el centro del segundo y tercer cuerpo se representan la Lapidación de San Estaban y el Calvario, respectivamente, obras de Juan Antonio Ceroni. Curioso resulta el segundo friso, en el que se desarrolla una escena báquica. Aparecen sátiros, faunos, unicornio, figuras mixtificadas y otras tocando diversos instrumentos musicales. En San Esteban, al igual  que en otras fachadas renacentistas-humanistas se entremezcla lo eclesiástico en lo histórico y lo mitológico.

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A continuación accedemos al convento a través de la logia para iniciar la visita por el bellísimo claustro de los Reyes, así denominado por los reyes de Israel que aparecen en los medallones. A Martín de Santiago corresponden las trazas y la realización de la galería baja. La galería superior es obra de Pedro Gutiérrez. En la planta baja sobresalen las ventanas divididas por parteluces, los medallones y las bóvedas/estrelladas, cuyos nervios van a parar a los cul-delamp, con grutescos. La galería superior es más clasicista, con buenos capiteles y medallones. En la crujía oeste podemos ver la antigua sala Capitular y actual panteón de Teólogos, donde reposan los restos de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, entre otros, y la nueva sala Capitular, obra muy austera del siglo XVII. En el lado este se halla el salón de Profundis o de Colón, que, por ser de clausura,  no se puede visitar. En él se entrevistó Colón con los teólogos dominicos, a quienes expuso su proyecto de viaje.

La escalera de Soto, construida por Rodrigo Gil de Hontañón gracias al mecenazgo de Fray Domingo de Soto, presenta estructura volada. En el exterior de la parte superior se representa a la Magdalena recostada. Desde la planta superior del claustro se disfruta de una magnífica perspectiva del mismo y se pueden observar con detalle distintos elementos decorativos. También desde esta planta tenemos acceso al coro de la iglesia. Sobre la puerta tenemos acceso al coro de la iglesia. Sobre la puerta luce el escudo de armas del fundador y en el interior admiramos la sillería tallada por Alonso de Balbás y Juan de Mondravilla, del siglo XVII el cuadro de la Virgen y el Niño, de Peter Paúl Rubens, sobre la silla prioral, y el gran fresco El Triunfo de la Orden Dominicana, pintado por Antonio Palomino en 1705.

De nuevo en la planta baja vemos la sacristía, patrocinada por el obispo de Tuy, don Pedro de Herrera, y construida por Juan Moreno y Alonso Sardiña, autores también de la nueva sala Capitular. Antonio de Paz, Francisco Gallego y Pedro Hernández son quienes tallan las numerosas imágenes que alberga este espacio, ya bajo la nueva estética del Seiscientos. En ella se encuentra enterrado el mecenas.

Finalmente pasamos a la iglesia, de grandes dimensiones tanto en anchura como en altura y perfectamente iluminada por los vanos laterales y los del cimborrio. está cubierta por bóvedas de crucería y sus nervios se prolongan hasta el suelo. Para el cimborrio se utilizan elementos estructurales clásicos, que se complementan con los medallones de los cuatro Evangelistas y de los doctores de la Iglesia. En los muros de la nave aparecen los escudos de la Casa de Alba. De los varios retablos que atesora el templo el más impresionante es el del ábside, realizado entre 1691 y 1693 por José Benito de Churriguera. Sus enormes columnas salomónicas cuajadas de vides y perfectamente doradas, así como las imágenes de Santo Domingo y San  Francisco, adquieren un brillo especial al atardecer, cuando los rayos del sol inciden sobre ellas. En el ático figura el lienzo de El martirio de San Esteban, de Claudio Coello.

De gran interés son también la capilla del Rosario y los retablos del crucero. En el lado del Evangelio está la capilla del Rosario con retablo de Joaquín de Churriguera y pinturas murales con escenas marianas de Antonio de Villamor. A su lado se sitúa el retablo dedicado a Santo Domingo de Guzmán en el que interviene Joaquín de Churriguera. La imagen del santo se atribuye a Luis Salvador Carmona. En el brazo de la Epístola está el retablo que Joaquín de Churriguera realiza en 1705. En él se venera a Santo Tomás de Aquino; el cuadro es de Antonio Palomino y la talla se atribuye a José de Larra Churriguera.

También en el lado de la Epístola, en la tercera capilla, se conserva el confesionario donde se cree que se confesó Santa Teresa de Jesús.

Después de la numerosas visitas y para acabar la jornada más sosegadamente, proponemos un paseo hasta el puente romano. Bajamos por la calle Arroyo de Santo Domingo hasta la plaza de San Pablo. A nuestra derecha se encuentra el jardín o Huerto de Calixto y Melibea, ¿es quizás éste el escenario de los amores y las trágicas muertes imaginadas por Fernando de Rojas? Proseguimos por el paseo del Rector y al cabo de unos metros vemos, también a la derecha, la puerta del Río o puerta de Aníbal, del antiguo amurallamiento de la ciudad de la ciudad. Son murallas de época romana se destruyeron tras los sucesivos ataques y guerras de la Alta Edad Media. Junto a la Puerta se yergue una cruz gótica, a cota. Casi enfrente y ya cerca de la entrada al puente se alza la iglesia de Santiago fundada en el siglo XII y de la que nada se conserva. La construcción que se erige, de ladrillo visto, es totalmente nueva.

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Desde este lugar podemos apreciar el puente romano integrante de la calzada de la plata. De los 26 arcos que tiene el puente sólo los 15 más próximos a nosotros son romanos, de época del emperador Trajano. Los potentes pilares que sostienen los arcos están reforzados por los espolones en el lado de contracorriente. Los ojos nuevos son obra de los siglos XVI y XVII. Hasta mediados del siglo XIX estaba engalanado con almenas sobre los pretiles y con la Puerta conmemorativa del matrimonio celebrado entre Felipe II y María de Portugal en esta ciudad (1543). A la entrada del puente vemos el monumento el Lazarillo, obra de Agustín Casillas, y, hacia el centro, el Verraco de los vettones, ante el que es ineludible recordar al pobre Lázaro cuando, al salir de la ciudad, el ciego le asestó una gran calabazada.

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Ya en medio del puente disfrutamos de una magnifica panorámica de las altas torres y cúpulas de la ciudad y del puente de Enrique Esteban que se construye a inicios de nuestro siglo con estructura metálica. Estando aquí, en un puente milenario sobre el Tormes y con un telón de fondo como el que se nos ofrece, que es un auténtico lujo, es inevitable evocar algunos fragmentos de la historia ciudadana, de sus gentes, recordar a aquellas mujeres que, frente a Aníbal, pusieron su vida en peligro para ayudar a los hombres a recuperar la ciudad y sus bienes, esfuerzo finalmente baldío; rememorar el nefasto día de San Policarpo de 1626, cuando una violentísima tempestad de viento y lluvia y el desbordamiento del río acabó con numerosas vidas y buena parte de la ciudad. Pero es mejor recordar las grandes fiestas del Lunes de Aguas, imaginar a los tunos cantando por la ciudad o a los numerosos arquitectos y escultores en plena fiebre constructiva.

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Regresamos hacia el centro de la ciudad para que desde aquí cada cual elija la forma en que desea terminar el día. Se puede ir de tapeo, de vinos, de copas, sentarse en una terraza de la plaza Mayor, ir al cine, a conferencias, a cenar--- etc. etc.......


Las fachadas parlantes

Los palacios renacentistas son un excelente documento que nos habla del auge y la expansión que experimentó la burguesía durante el siglo XVI y de la nueva mentalidad de sus moradores. A diferencia de las residencias defensivas medievales, en el Renacimiento la burguesía muestra su posición social mediante palacios con múltiples vanos y fachadas en las que se despliega un repertorio ornamental encaminado a exaltar y glorificar las virtudes civiles y militares de sus propietarios. El discurso decorativo se compone, habitualmente, de figuración mitológica, heráldica y medallones con la efigie de los señores, asimilados en muchas ocasiones a personajes históricos o mitológicos. Es así como se expresa la Virtud, la Fama y el Triunfo de la Casa.


Fray Martín de Santiago

Martín de Santiago, natural de la Peña de Martos (Jaén), llega a Salamanca en el año 1523. Al año Siguiente profesa en el convento de San Esteban y 1530 se hace cargo de las obras del edificio. La vida de Fray Martín discurre en un medio de grandes preocupaciones intelectuales y teológicas, en suma, en un ambiente de elevado humanismo, Coetáneo de los hombres más ilustres, profesa el mismo día que Melchor Cano y su fallecimiento se certifica en el mismo acta que la muerte de Francisco de Vitoria. En medio de este ambiente humanista se entiende su inclinación  por utilizar, en los edificios que construye, las formas ornamentales <<a la romana>>, formas que acostumbran a estar cargadas de significados simbólicos y humanistas.


Pierna de cordero asada

Ingredientes para 4 personas: una pierna de cordero, sal, 3 cucharas de aceite, pimienta negra, perejil, 2 dientes de ajo y un vaso de vino blanco seco. Preparación: Salar la pierna de cordero, a la que previamente hemos dado unos cortes, y untar con el aceite, la pimienta negra, el perejil y los dientes de ajo majados. Reservar en maceración, en la nevera, hasta el día siguiente. Se coloca en una fuente de barro, se rocía con el vino blanco y se introduce en el horno hasta que esté dorada, dándole la vuelta de vez en cuando. Servirlo cortado a trozos con su propio jugo y acompañado de patatas fritas y ensalada de lechuga.


Leche frita

Ingredientes para seis personas: 3/4 de litro de leche, 5 cucharadas soperas de maicena (colmadas), la corteza de un limón, 5 cucharadas soperas de azúcar, 25 g. de mantequilla, aceite de freír, 3 huevos, pan rallado y azúcar para espolvorear. Preparación: disolver en un tazón la maicena con un poco de leche; el resto de la leche se pone al fuego junto con la corteza de limón, el azúcar y la mantequilla. Cuando esté a punto de hervir se le añade la leche y la maicena del tazón, se remueve suavemente y se deja cocer a fuego lento unos 6 o 7 minutos. Al retirarlo del fuego se vierte en una fuente no muy extensa; debe tener un grueso de centímetro y medio, aproximadamente. Se deja enfriar unas dos horas. Ya fría y mientras se calienta el aceite, se corta la masa en cuadrados de unos cuatro centímetros, se pasan por el huevo batido y el pan rallado y se fríen. Una vez fritas y doradas las porciones, se escurren y se colocan ya en la fuente de servir. En el último momento, antes de servir, espolvorear con azúcar.


La puente y el verraco

<<Salimos de Salamanca>>, y llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro y el ciego mandóme que llegase cerca del animal y, allí puesto me dijo: -Lázaro: llega al oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él. Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabaza en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome: -Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo. Y rió mucho de la burla>>

Fragmento de El Lazarillo de Tormes 


Los datos  están obtenidos del libro "Guía del Viajero Salamanca Ciudad Rodrigo y Provincia" de Susaeta Ediciones S.A. Coordinación del libro: Raquel Arroyo Fraile. Ilustración del libro: Juan Carlos Martínez Tajadura.


Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 13 de Noviembre del 2000
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