Sexto Itinerario   

Campo Charro, toro bravo y Sierra de Gata

En esta ocasión nos disponemos a visitar la franja suroeste de Salamanca. En nuestro camino encontramos pequeñas poblaciones diseminadas en medio del espacioso Campo Charro hasta llegar a Ciudad Rodrigo, una de las localidades más importantes de la provincia. Continuando hacia el sur desde Ciudad Rodrigo nos internamos en un paisaje montañoso que constituye las estribaciones septentrionales de la Sierra de Gata.

La amplia llanura del Campo Charro se caracteriza por su paisaje adehesado. En efecto, se trata de grandes extensiones de terreno ligeramente ondulado en el que abundan los pastos y las encinas, en ocasiones en alternancia con cultivos cerealistas, regado por una extensa red fluvial, en la que sobresalen los ríos Huebra, Yeltes, Tenebrilla y Águeda. 
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Este campo apto para la caza menor de liebres, perdices y codornices, es el hábitat natural e ideal del cerdo ibérico, por sus abundante bellotas, y del ganado vacuno, con sus famosos toros bravos y los toros moruchos o de media casta, que proceden del cruce entre las castas bravas y las que no lo son. En estas dehesas, propiedad de grandes e importantes ganaderos como los herederos de Pérez Tabernero o los de Mateos Sánchez, entre otros pastan las reses tan codiciadas para la fiesta de los toros, cada una de ellas marcadas con su correspondiente divisa en el anca de derecha.

Así pues, no es extraño que en una provincia con tal abundancia de reses de lidia la fiesta de los toros sea el principal foco de atracción de sus festejos y que de ella hayan salido nombre importantes del toreo como son Julián <<El Salamanquino>>, José Amorós, Juan Mari Pérez Tabernero, el ya mencionado Santiago Martín Sánchez, <<El Viti>>, y los actuales Julio Robles y Pedro Moya, <<El Niño de la Capea>>.

Iniciamos nuestro itinerario en Robliza de Cojos, pequeño pueblo junto a la N-620, que tomamos en dirección oeste. Mientras contemplamos el sereno paisaje de las dehesas y la erguida estampa de las reses bravas pasamos por Aldehuela de la Bóveda, cruzamos el río Huebra y más adelante dejamos a nuestra derecha la Fuente de San Esteban. Pasamos también por Martín de Yeltes, localidad con buena artesanía de zapatería; a seis kilómetros de ésta vemos el río Yeltes y siete kilómetros después Sancti Spíritus, a orilla del río Tenebrilla. Proseguimos hacia Valdecarpinteros y al cabo de 11 kilómetros entramos en la monumental......

Ciudad Rodrigo: 14.948 hab. Fiestas: 17 de enero, San Antón, con ofertorio de embutido tierno al santo, que cuelga en la puerta de la iglesia de San Andrés. 20 de enero, San Sebastián, patrono de la ciudad. En esta fecha se conmemora la liberación de las tropas francesas que asediaban la ciudad en 1812. La Noche anterior se encienden hogueras, 3 de febrero, San Blas, con romería a la ermita de la Caridad. Las gentes se ponen gargantillas de color al cuello para prevenir todo tipo de afecciones de la garganta. Estas gargantillas, para cumplir el ritual, se han de quemar el miércoles de Ceniza. Carnaval del Toro. Sábado de Gloria, Fiesta de la Charrada. 8 de Septiembre, Romería a Nuestra Señora de la Peña de Francia. 30 de noviembre, San Andrés, con importante Feria ganadera.

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La historia de Ciudad Rodrigo se remonta al siglo VI a.C., fecha en la que vettones fundan Mirobriga. Aún hoy día a los naturales de Ciudad Rodrigo se les denomina mirobrigenses. Con la llegada de los romanos en el siglo II a.C., la ciudad experimentada un paulatino auge y pasa a denominarse Augustobriga, en honor del emperador Octavio César Augusto. Tras la caída del imperio romano y las posterior invasión musulmana, que suponen para Augustobriga un período de oscuridad y decadencia, se inicia una nueva fase de prosperidad. A finales del siglo XI y principios del XII, el conde Rodrigo González Girón,  por orden del rey Alfonso VI, reedifica y repuebla la población que ahora pasa a denominarse Ciudad Rodrigo en su honor. Pero la repoblación definitiva se produce medio siglo más tarde, bajo el reinado de Fernando II, con gentes procedentes de Ávila, León y Zamora. Es esta comarca quien ordena la fortificación de la ciudad -dada su proximidad con Portugal-, otorga el nombramiento de sede episcopal (1161) y concede Fuero. Para acoger a la seda episcopal se levanta una hermosa catedral. Durante los siglos XIII y XIV, Ciudad Rodrigo se ve favorecida por diversos privilegios al tiempo que es escenario de luchas entre familias de la nobleza en las que debe intervenir al monarca Enrique IV nombrado corregidor de la ciudad a Nuño Fernández de Vaca.

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Si los siglos XV y XVI constituyen la edad dorada de la antigua Mirobriga, en el XVII se suma a la decadencia general de la Península; en el siglo XVIII su patrimonio artístico se ve fuertemente mutilado como consecuencia de la guerra de Sucesión, mutilación que se agrava en el XIX con la guerra de la Independencia. En el transcurso de ésta la ciudad sufre dos sitios, uno en 1810 y el segundo en 1812; gracias a la intervención del general Wellington la ciudad recupera su libertad y el general es recompensado con el título de duque de Ciudad Rodrigo.

En la actualidad Ciudad Rodrigo es un importante centro agrícola, ganadero y comercial, en el que se desarrolla una amplia y buena actividad artesanal. En ella podemos encontrar y adquirir todo tipo de objetos relacionados con las labores del alfarería, cestería, ebanistería, talla, orfebrería charra, con sus características técnica de filigrana, bordados, alfombras y un largo etcétera.

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Mirobrigenses con renombre en el campo de las letras son los poetas Cristóbal de Castillejo y Francisco de Guzmán y el novelista Feliciano de Silva, uno de los más prolíficos del siglo XVI, a quien debemos tres continuaciones del Amadís de Gaula y una de la Celestina, titulada Segunda Comedia de Celestina (1534). Un autor contemporáneo que, sin ser mirobrigense estuvo estrechamente vinculado a esta ciudad durante su infancia es el dramaturgo Fernando Arrabal. No debemos olvidad al pintor Celso Lagar, integrante de la Escuela Española en París.

La cantidad y la calidad de los monumentos que atesora esta localidad en el interior de sus murallas le supuso, en 1944, le declaración de Conjunto Histórico-Artístico. El primer monumento que vemos al llegar son las tres columnas romanas, probablemente pertenecientes a un templo, que forman parte de la heráldica de la ciudad. Antes de entrar en el recinto amurallado encontramos la iglesia de San Andrés, en el barrio de San Francisco, templo románico del siglo XII, con dos bellas portadas. La del sur presenta dos arquivoltas de medio punto decoradas con rosetas y molduras ajedrezadas. La portada occidental, más severa, consta de cuatro arquivoltas, apuntada la interior y en progresiva abertura hacia la exterior de medio punto; todas ellas descansan sobre capiteles ornamentados con motivos vegetales y zoomórficos, en el mismo barrio, pero al otro lado de la carretera, divisamos las ruinas del convento de San Francisco.

También en el siglo XII y bajo el reinado de Fernando II se erige la cerca amurallada y almenada junto al lienzo de muralla romana. El alarife Juan de Cabrera es quien dirige las obras. En distintos puntos de su contorno de más de 2 kilómetros de longitud y con forma de óvalo irregular, se abren distintas puertas, como la del Rey, la de don Pelayo, la del Conde, la puerta de la Colada y la de Santiago; se jalonan cinco torres y se protege la estructura con un foso. Posteriormente se abren nuevas puertas como son la del Alcázar, la de Santa Cruz y la del Sol, al tiempo que es necesario reparar parte de los lienzos de muro. Maltrecha y restaurada, sucesivamente, a lo largo de los siglos, y rebajada su inicial altura en tiempos de Felipe V, únicamente en la puerta del Sol subsiste su antigua fachada de sillería y doble arco apuntado. El primer edificio que visitamos dentro del núcleo monumental es la catedral de Santa María, fundada en 1165 por Fernando II. Iniciado en estilo románico, el templo se finaliza bajo cánones góticos. Posteriores reformas y ampliaciones evidencian también partes neoclásicas.

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Al exterior descuellan sus tres portadas. En el brazo norte del transepto se encuentra la puerta del Enlosado o de Amayuelas. Encuadrada bajo arco ojival con motivos romboidales, la puerta presenta arquivoltas -la interior curiosamente lobulada- sobre capiteles decorados con gallos y arpías. El ábside, muy sobresaliente, se refuerza con contrafuertes. Rodrigo Gil de Hontañón es quien lleva a cabo su reedificación a mediados del siglo XVI. Al sur del transepto se abre la puerta de las Cadenas, de los siglos XII y XIII. Sobre la puerta de acceso al templo vemos cinco relieves, en los que se representa a Cristo flanqueado por dos apóstoles a cada lado, todos ellos en actitudes hieráticas. Mayor interés presenta el registro superior; bajo doce arcuaciones apuntadas y ricamente decoradas se sitúan otras tantas figuras de santo -San Francisco de Asís-, profetas -David, Jeremías- y patriarcas -Abraham, Isaac, Moisés-, ahora con mayor movimiento y actitudes más variadas. A la izquierda de esta portada sobresale la capilla del Pilar, con muy buena ventana barroca, obra de mediados del siglo XVIII, del arquitecto Antonio de San José Pontones. De excelente factura son las ventanas románicas de este lienzo, con magnífica ornamentación vegetal y de entrelazo. Finalmente en el lado oeste encontramos la portada del Perdón, sin duda la mejor de las tres y con ciertos resabios de la portada homónima de la catedral de Santiago. Bajo el porche se desarrolla un programa iconográfico cuajado de figuras y motivos vegetales. Sobre los capiteles ricamente historiados se sitúan las estatuas-columna que representan a los doce apóstoles; los registros del tímpano nos muestran distintas escenas de la Pasión de Cristo, la Dormición de la Virgen y por último la Coronación de la Virgen. Sobre el porche se alza la torre de las campanas, obra neoclásica de mediados del siglo XVIII, de Juan de Sagarvinaga y con evidentes huellas de los desastres acontecidos durante la guerra de la Independencia. El interior se estructura en tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares cruciformes que sostienen bóvedas de crucería octopartitas. La capilla Mayor se cubre con una hermosa bóveda estrellada. Entre las obras que atesora la catedral descuellan la sillería y los órganos del coro, en la nave central; el altar de alabastro, de Lucas Mitata, con la escena del Descendimiento de la Cruz; los retablos barrocos de la Capilla de la Soledad, obra de Manuel de Larra Churriguera, de la capilla del Pilar, de Miguel Martínez, y el de la capilla de San Blas, probable obra de José de Churriguera, que alberga una imagen gótica de la Virgen, en alabastro, anteriormente integrante del retablo que Fernando Gallego hiciera para la capilla mayor. Por último debemos visitar el claustro, construido entre los siglos XII y XVI por los arquitectos Benito Pérez, cuyos restos descansan aquí, y Pedro Güemes. En las cuatro crujías se abren vanos ojivales decorados con elegante tracería.

Ciudad Rodrigo, al igual que Salamanca, cuenta con numerosas casas nobles erigidas a finales del siglo XV y durante el siglo XVI, aunque se diferencian de las de la capital por su menor ornamentación. Junto a la catedral, en la arbolada plaza de San salvador, se alzan el palacio de los Miranda, de gusto herreriano, y la casa de la Marquesa de Cartago, buen ejemplo de la arquitectura historicista del siglo XIX. Algo más adelante está el palacio Episcopal, de gran sobriedad.

Partiendo también desde la catedral, en dirección opuesta, encontramos la capilla de Cerralbo, también denominada del Cardenal Pacheco, por ser el mirobrigense Francisco Pacheco de Toledo, virrey de Nápoles y arzobispo de Burgos, quien ordena su construcción para panteón familiar. Con las trazas dadas por Juan de Valencia y Juan de Ribero Rada, la iglesia se erige entre 1585 y 1687 dentro del más depurado estilo contrarreformista. En el exterior sobresalen la cúpula rematada por linterna sobre el crucero; la balaustrada con bolas y pirámides escurialenses y las armas del obispo en el pórtico de entrada, labradas en mármol por Francisco Gallego. En el Interior, también severo, se ornamenta con retablos tallados a inicios del siglo XVIII por Alonso de Balbás en madera de nogal sin policromar, en el retablo mayor, de tres órdenes de columnas corintias, descuella el lienzo de Francisco Camilo Santiago en la batalla de Clavijo. Excelente es la estatua orante realizada por Mariano Benlliure para la capilla funeraria de los marqueses de Cerralbo.

Para admirar los numerosos edificios que atesora la ciudad conviene deambular, perderse por las tranquilas calles y disfrutar de las sorpresas que cada pocos pasos surgen a nuestro paso. En la plaza del Conde encontramos el palacio de Moctezuma, antigua residencia de los familiares del emperador de México y actual Casa Municipal de Cultura; el palacio de los Castro o del Conde de Montarco, del siglo XVI con muy buena portada enmarcada por alfiz y columnas gelicoidales sobre las que descansan sendos leones, y por último el palacio del Conde de Alba de Yeltes, clasicista, con portada y balcones rematados por frontones triangulares.

Muy cerca está la plaza Mayor, que en época de fiestas se convierte en Coso taurino. En ella se alza el Ayuntamiento y la casa del primer marqués de Cerralbo o de los Cueto, de la primera mitad del siglo XVI, con heráldica en las esquinas y excelente friso decorado con tondos y motivos renacientes. El Ayuntamiento, por ser obra del siglo XVI, se abre al espacio urbano mediante el pórtico y la galería superior.

Presenta una especial configuración en ángulo con tres machones cilíndricos y decoración renacentista. La galería era el lugar desde el que las autoridades presidían y presenciaban las corridas de toros y demás festejos que se celebraban en la ciudad. Frente al Ayuntamiento vemos la neoclásica capilla de la Tercera Orden, atribuida a Juan de Sagarvinga y realizada a finales del siglo XVIII.

En la misma calle Rúa del Sol se encuentran la portada de la casa de los Cuernos, ornamentada con dos tondos que muestran el busto de un hombre y el de una mujer mediante guirnaldas a la calavera de la parte superior; y la torre del palacio de Garci-Lopez de Chaves, de finales del siglo XV, más conocida como torre del Cañón, por el privilegio que le fue otorgado de tener constantemente un cañón montado.

A la derecha, en la plaza Cristóbal Castillejo, se alza la iglesia de San Pedro, edificada en el siglo XII en estilo románico-mudéjar, como evidencian la portada y las arcuaciones ciegas de ladrillo en el ábside de la Epístola. El resto del edificio se reconstruye en el siglo XVI cuando el templo se convierte en capilla funeraria de las familias Chaves, Maldonado y Vázquez. En el interior descuella el lienzo de la Virgen de Guadalupe, del pintor Juan Correa. En la misma plaza vemos la fachada barroca del convento de las Franciscanas Descalzas, con un altorrelieve del Corazón de Jesús y la casa de los Vázquez, actual Oficina de Correos, uno de los edificios más singulares y hermosos, con portada y balcón de esquina y buena labor de rejería en los vanos.

Frente a la casa de los Vázquez se alza la iglesia del convento de San Agustín. Pedro de Ibarra y Juan de la Puente son quienes llevan a cabo la construcción en la segunda mitad del siglo XVI. La única nave con capillas-hornacina se cubre con bóveda de crucería estrellada y se ornamenta con heráldica de la familia Garci-López de Chaves, familia que cede el terreno para la construcción del convento. De las obras del interior descuellan los sepulcros yacentes de don Juan Rodríguez de Ledesma y su hijo Pedro Rodríguez Pacheco.

Ya en la calle Velayos admiramos el Hospital de la Pasión. Si bien la portada correspondiente a la restauración efectuada por Juan de Sagarvinaga a finales del siglo XVIII, el edificio se erige en el siglo XVI en el lugar antes ocupado por una sinagoga. En la capilla, entre otras obras, se atesora un Calvario de Lucas Mitata.

De camino hacia la plaza del Castillo pasamos por la calle Juan Arias, donde se alza el palacio de Altares, también denominado del Águila en honor de su fundador don Antonio del Águila, y del príncipe, por haber pertenecido a don Iñigo de Mendoza, príncipe de Mélito. El edificio se inica en 1545 bajos las órdenes de Hernando de Güemes. Presenta portada enmarcada por alfiz con heráldica y un león y un águila sobre candeleros. Sin duda lo mejor del edificio se encuentra en el interior, con magnífico patio cuajado de ornamentación grutesca, escudos y medallones. En la capilla se custodia un Calvario de Juan de Juni.

Desde la plaza del Castillo accedemos al antiguo castillo de Enrique II de Trastámara y actual Parador Nacional, imponente mole pétrea junto a la muralla, con tres cuerpos superpuestos y almenados. Desde este lugar se tiene una magnífica perspectiva del puente romano sobre Águeda, de la vega y de Sierra de Gata, ya muy cercana.

Puesto que estamos en un lugar tranquilo, con buenas vistas y amable y atento servicio, nada mejor que hacer un alto en el camino para descansar y comer. En Ciudad Rodrigo es casi obligado degustar <<huevos fritos con farinato y chanfaina>>. Igualmente deliciosos resultan el hornazo, con buen relleno de embutido, el calderillo, o cualquier clase de carne asada. Como estamos cerca de la sierra nada mejor que acompañar la comida con un caldo rosado o un tinto de vivo color y suave aroma de la sierra de Salamanca.

A pesar de que son muchos los edificios que hemos visto en esta ciudad monumental, algunos se quedan en el tintero, como el Seminario, la Casa de las Cadenas o la de los Gómez de Silva, pero es necesario partir y continuar con nuestra ruta. Antes de alejarnos definitivamente de Ciudad Rodrigo se aconseja acercarse al monasterio de la Caridad, a 4 Km. por la carretera que va al pantano del Águeda.

De vuelta a Ciudad Rodrigo se puede optar por ir a Fuentes de Oñoro, en las lindes con Portugal, o bien internarse en Sierra de Gata. Más corta y con mejor carretera es la ruta que nos lleva, través de Carpio de Azaba, a Fuentes de Oñoro, a sólo 27 Km. por la N-620. Desde esta localidad tenemos la posibilidad de pasar a Portugal y visitar Vilar Formoso, Castelo Mendo, Guarda o Almeida, ciudades con buenos edificios y tradicionales mercadillos.

El itinerario de Sierra de Gata es más largo, casi 120 Km. por carreteras comarcales y locales, pero conviene hacerlo y disfrutar del paisaje de montaña con abundantes robles y pinos. En Ciudad Rodrigo tomamos la C-526 y a 14 Km. junto al río Bordón, está.....

El Bodón: 401 hab. A la entrada de la población vemos la ermita del Santo Cristo que atesora un crucifijo del siglo XVI atribuido a Lucas Mitata. La iglesia parroquial, de grandes dimensiones, conserva la torre, también del siglo XVI. Unos de los principales atractivos de El Bodón es su buena artesanía de mantas de tiras, con diversos talleres en las calles Cuatro Calles, Iglesias y El Cristo, todos ellos pertenecientes a las familias Cepa Acosta y Cepa Calderón.

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Al salir de El Bodón nos desviamos hacia el oeste. Cerca del monte Guinaldo está.......

Fuenteguinaldo: 936 hab. Fiestas: 24 de junio, San Juan.

Muy interesante es la iglesia parroquial de San Juan, en la que trabajan Rodrigo Gil de Hontañón y Juan de la Puente. Presenta un curioso ábside semihexagonal, en el que luce el retablo realizado por Lucas Mitata, con la imagen del Santo titular.

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Para los amantes de la Arqueología y de la Historia Antigua recomendamos la visita a las ruinas de Irueña, ciudad prerromana ubicada en la confluencia del Arroyo Rolloso y el río Águeda, a 5 Km. del núcleo urbano. Río arriba, dentro del término de Fuenteguinaldo, se encuentran Molino Serafín y Molino Valeriano, zonas recreativas con abundante vegetación y muy buenas vistas sobre el río.

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Regresamos  ala C-256 y continuamos hacia el sur. A los pocos kilómetros cruzamos los sinuosos riscos del Águeda y, tras éstos, aparece Robleda. A 6 Km. de Robleda está Villasrubias y un poco más adelante Riofrío, muy buen río truchero. Desde aquí iniciamos la ascensión hacia el puerto de Perales, de 910 m. en el límite con la provincia de Cáceres. Se trata de una ascensión muy leve, pues en Villasrubias ya estamos a 849 m. de altitud. Son 12 Km. que discurren entre bosques de robles y pinos con espléndidas panorámicas de toda la Sierra de Gata, del pico de Jañona hacia el este y la Sierra de Jálama hacia el oeste, en las lindes con Portugal. A sólo 4 Km. en plena sierra, esta Coria, localidad cacereña con importantes monumentos. Pero nosotros retrocedemos 3 Km. al cabo de los cuales torcemos a la izquierda para acercarnos a El Payo. Aquí aconsejamos tomar la carretera que conduce a Fuenteguinaldo para ver, 6 Km. más adelante, el magnifico puente romano que se alza sobre el río Águeda.

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De nuevo en El Payo nos encaminamos hacia las estribaciones inferiores de Sierra de Jálama. En el camino, con numerosas curvas, cruzamos el río Payo y Regato Rubioso y junto al Águeda llegamos a Navasfrías, localidad próxima a las Fuentes del Águeda en la que podemos pernoctar. Como la oferta hotelera es escasa aconsejamos que reserven antes las habitaciones.

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Podremos descansar... para iniciar un nuevo itinerario....


<<El Viti>>

Enjuto, serio y seco, el nervio dominado, cuajas serenidades ante el vaho caliente que exhala toro, negro toro, que presiente un cauce carmesí a su brío destinado.

El paño de arrebol, por tu mano adelantado traza su surco sobre arena ardiente, y el toro, negro toro, asómase obediente al caza, por la escarlata tela dibujado.

La castellana seriedad de tu firmeza apura al poro, negro toro, en su derrota recogido sobre sí cual la madura mies. Y el toro, negro toro, expira su fiereza cuando tu estoque rasga entrañas, sangre brota y hace que muera el toro, junto a tus firmes pies.

Marcelino Concostrina


La Orfebrería Charra

Elemento indispensable en la indumentaria charra son las numerosas piezas de orfebrería que lo acompañan y complementan. La mujeres lucen sobre su pecho largos collares de oro y plata compuestos por distintas sartas trabajadas con variados motivos. De estos collares cuelgan piezas de carácter religioso y otras de carácter profano, llamadas dijes o amuletos, y que habitualmente tienen un sentido profiláctico. Entre los objetos que penden de los collares encontramos cruces, relicarios, medallas, escapularios, corazones de monja, castañas de India para combatir el dolor de oídos, campanitas y trompetillas para agudizar el oído de los niños, manos de tejón que protegen contra el mal o manos en forma de rayo para ahuyentar los nublados. Estos ornamentos se complementan con pulseras, anillos y pendientes trabajados con menuda y exquisita filigrana.


El Carnaval de Toro

Como su nombre el toro es el protagonista indiscutible del Carnaval mirobrigense. En olor de multitud se celebran encierros, desencierros, corridas de toros y capeas. En las capeas se da cita un elevado número de muletillas dispuestos a mostrar lo mejor de su arte, a hacer una faena impecable y elegante y poder ser elegidos triunfadores por el Bolsín Taurino, institución ésta compuesta por ganaderos, industriales y destacadas personalidades de la ciudad. El premio no puede ser más apetecible: se ofrece la posibilidad de matar, por primera vez, una res brava. El triunfador y el primer clasificado lidian sus reses la tarde del domingo; los que quedaron en tercer y cuarto lugar lo hacen al día siguiente.


La sillería catedralicia

Rodrigo Alemán es el artífice de la sillería de la catedral de Ciudad Rodrigo, toda ella tallada en madera de nogal entre 1498 y 1503. Consta de setenta y dos sitiales organizados en dos filas con sillas especiales para el obispo, el deán el arcipreste y para los reyes, éstas situadas en los extremos de la fila superior. La ornamentación, rica y variada se extiende sobre los pomos; los misericordiosos, con escenas no sólo religiosas sino también mitológicas, alegóricas y con representaciones del repertorio animalístico medieval; los respaldos superiores con fina labor de tracería gótica e incipientes grutescos; el guardapolvos, a modo de bóveda de crucería, se remata con crestería.


Fernando Arrabal

Nace en Melilla en 1932 y ya en 1936 la familia se traslada a Ciudad Rodrigo, localidad en la que es arrestado su padre, de tendencias republicanas, a quien no vuelve a ver. Afincado en París desde 1954, Fernando Arrabal escribe una amplia producción teatral: El Triciclo, El entierro de la sardina, Oye, patria, mi aflicción, El cementerio de automóviles y El arquitecto y el rey de Asiria, entre otras muchas, Tanto sus obras teatrales como sus películas, en las que insiste en temas como la guerra civil, la soledad, la incomunicación, la libertad o su particular visión de lo religioso, siempre van acompañadas de escándalo y polémica. Arrabal, que no se atiene a norma alguna y supera y traspasa las reglas, fundamenta sus obras en el pánico, la provocación, la confusión y la crueldad.


Los datos  están obtenidos del libro "Guía del Viajero Salamanca Ciudad Rodrigo y Provincia" de Susaeta Ediciones S.A. Coordinación del libro: Raquel Arroyo Fraile. Ilustración del libro: Juan Carlos Martínez Tajadura.


Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 12 de Diciembre del 2000
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