Romerías y Peregrinaciones

La relevancia del camino francés en el contexto de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, explica el olvido secular de otras rutas, como es el camino de la Plata. Si bien esta última no parece haber canalizado tan gran número de peregrinos como el camino francés, sí ha gozado, en cambio, de idéntica significación. Ciertamente, en el capítulo de la expresión simbólica, pudiera parecer que el Camino de la Plata, en cuanto ruta de peregrinación, adoleciese de falta de hitos artísticos, de tradiciones jacobeas, de signos ocultistas, en fin. Y no es cierto. Lo que ocurre es que las distintas manifestaciones de carácter mistérico se han venido produciendo de modo discreto, lejos del tono publicitario que se dio a las peregrinaciones canalizadas por las rutas del norte peninsular.

Así entendido, el camino romero del occidente de España constituye la antítesis del camino francés de peregrinación medieval. Tal como contraposición, repito, se establece, solamente, en el plano de las formas externas. La masificación, principal factor de desvirtuación de los símbolos en todo tiempo y lugar, ha marcado, también, desde el Medievo, el peregrinaje a la tumba del Apóstol Santiago. Por el contrario en estas latitudes del occidente de España, han permanecido hasta cierto punto, menos ajados los símbolos; menos <<manoseados>>, diría yo; por ello, resulta muy laborioso el tratar de reconstruir el complejo mundo mistérico configurado en torno a la ruta iniciática del occidente de España; pero también, ello ofrece una especial sugestión.

Lo dicho anteriormente, puede bastar para situar al lector en el debido contexto. Y, también para precaverle, en alguna medida, contra la espectacularidad de ciertos fenómenos. Pues, si bien es cierto que el llamado camino francés ha representado, desde la Edad Media, el camino de peregrinación por excelencia, no es menos cierto que tal ruta fue <<explotada>> en el plano comercial, religioso, social y simbólico por toda una serie de entidades profanas y religiosas. Y que, en todo caso, ello fue en detrimento, querámoslo o no, del verdadero espíritu y del sentido profundo de la peregrinación.

El camino de comunicación natural entre las tierras del occidente hispánico va, pues, a constituirse, desde la más remota antigüedad, en vía de acceso hacia los enclaves mágicos del noroeste. Es decir, el camino es objeto de una doble utilización: como vía espiritual y como representación de lo material y lo espiritual, que constituyen las dos vertientes indisociables en todo quehacer del hombre. Posteriormente, y al igual que ocurriera con no pocas romerías, se iría perdiendo el sentido prístino de la marcha como catarsis, hasta llegar a desaparecer prácticamente de la conciencia colectiva, conservando, en algunos casos, su carácter estrictamente económico.

Antaño, los medios de peregrinación se reducían a los propiamente naturales: las marchas se hacían a pie, o, en el mejor de los casos, a lomos de caballería. Se utilizaban determinados caminos, atravesados por corrientes benéficas (Hoy se sabe que la práctica de andar descalzo sobre el suelo, favorece, al menos en determinados lugares, la descarga de la electricidad estática, con benéficos para la salud. Los antiguos, que vivían más en contacto con la Naturaleza, conocían bien tales fenómenos). En cambio, hoy, las marchas de peregrinación o romería se hacen, muchas veces, en automóvil y en otros vehículos a motor, con lo cual se pierde el sentido mistérico de la andadura; obstaculizándose, así, la acción benéfica de los agentes naturales.

LOS SANTUARIOS

La profusión de santuarios a ambos lados de la Vía de la Plata, entre Valdelacasa y la sierra de Herreros, merece un punto de atención. Tales santuarios se distribuyen de la siguiente de la siguiente manera, de sur a norte: Santa Ana y San Roque (Los Santos), Santiago, Santo Cristo (Fuenterroble de Salvatierra), Santillán (Casafranca) y la Fuente Santa (Navarredonda de Salvatierra), y otro más, bajo la advocación de un santo patrón, hoy desconocido, y que se levantaba junto a la antigua mansión romana de Sentice, en la dehesa de la Dueña de Abajo (Antiguamente la iglesia parroquial de Navarredonda de Salvatierra estaba dedicada al apóstol Santiago (véase: A. CASASECA y J.R. NIETO, libro de los lugares..., op. cit.; pág. 125).

La ubicación de tantas ermitas a lo largo del tramo de calzada que he señalado, no es coincidencia: antes de constituirse en vía romana durante los primeros siglos de nuestra era, aquélla era una ruta de comunicación entre las tierras del sur y las del noroeste de la Península Ibérica. Las peregrinaciones de corte iniciático se realizaban a través de la vía en cuestión, hacia el Finis Terrae; en pos de los grandes secretos que encerraban los enclaves sagrados del noroeste, en donde, siglos más tarde, surgirán leyendas sobre la aparición de los restos del apóstol Santiago.

La presencia de las ermitas reforzaba, pues, el sentido iniciático del peregrinaje, jalonando una vía que introducía al romero en el ámbito de lo sagrado, marcándole la pauta de su propia ascensión hacia un conocimiento superior (Para mayor información, véase, R. Grande del Brío: La dendrolatría..., op. cit.). Se trataba, como el lector puede comprender, de una marcha tanto física como mística, en épocas en que el hombre se hallaba en contacto casi permanente con los estímulos, las referencia y los símbolos de una naturaleza cuasi primigenia. En cambio, el hombre moderno, sumergido en un ambiente altamente artificial, difícilmente podrá llegar a captar y entender el sentido profundo de aquellas peregrinaciones que sinnúmero de personas protagonizaron por espacio de siglos. Por ello juzgo conveniente insistir, como ya lo vienen haciendo también otros autores, en el interés que ofrecen determinados rasgos de la historia sagrada de los pueblos diversos, ya que, en ellos, se perfilan de los esquemas principales de la personalidad histórica y cultural de los mismos, al margen de la intervención de elementos circunstanciales o espurios.

CENTRO DE ROMERÍA EN LA COMARCA DE ENTRESIERRAS

En el ámbito de la comarca de Entresierras, se pueden considerar al menos tres centros de romería principales: El Mesegal, donde se levanta la ermita del mismo nombre; el Mirón, sobre el cual se alza la ermita de Nuestra Señora del Gozo, y por último, las Yegüerizas. Dichos enclaves se constituían en centros sagrados, síntesis y expresión del carácter universal del culto a la Dea Mater.

De las tres ermitas citadas, tan sólo perduran, hoy, la de Nuestra Señora del Mesegal y la de Nuestra Señora del Gozo. El acceso a cada una de ellas, se realizaba siguiendo, previamente, una ruta mágica, definida en el tiempo y en el espacio: el desplazamiento de los romeros debía cubrir un espacio sagrado, empleando, además, un lapso de tiempo que se ajustase a los ritmos naturales. Este aspecto ha sido descuidado con demasiada frecuencia; buena prueba de ello es que, en la actualidad, en que aparecen un tanto desvirtuados los componentes esenciales de las peregrinaciones y romerías, se accede a los santuarios, la mayoría de las veces, a través de caminos acondicionados para la circulación de automóviles; con lo cual, se produce un desfase entre el espacio y el tiempo, en la orden ritual: aunque el espacio cubierto por el romero llegue a ser prácticamente el mismo que antaño, en cambio, el tiempo empleado en ello se acorta notablemente; por otro lado, actuando de esa manera, el peregrino o romero se aísla del contacto directo con la tierra. Estos son algunos de los extremos que suele pasar por alto la inmensa mayoría de los fieles, quienes, por no querer renunciar a la comodidad del automóvil, quebrantando, sin saberlo, las viejas costumbres tradicionales, basadas en un conocimiento intuitivo de los ritmos cósmicos.

La ruptura con las formas del pasado, ha alterado, efectivamente, la relación armónica establecida desde antiguo entre el ritual desarrollado por el peregrino y el espacio sagrado. Esto se puede observar dentro del siguiente contexto: antaño, los romeros que desde Endrinal de la Sierra se desplazaban hasta la ermita del Mesegal, lo hacían siguiendo un camino que, partiendo del extremo sur del pueblo, discurría en dirección a Los Santos, desviándose luego havia el oeste, pasando junto a la fuente del valle, cuyo carácter sagrado prefiguraba, de alguna manera, la sacralidad del lugar (R. GRANDE DEL BRÍO: <<Sobre el culto a las aguas>> Rev. de Folklore, nº15. Valladolid, 1982; pás. 90). Igualmente, se cumplían las formas rituales con motivo del traslado de la imagen de Santa Isabel (Nuestra Señora) desde la iglesia de Endrinal a la ermita del Mesegal. Hoy, en cambio, al auge de la mecanización ha impuesto, desgraciadamente, la apertura de una nueva vía de acceso, que, arrancando de la carretera que une Endrinal y Los Santos, se desvía un centenar de metros al oeste del camino tradicional. El nuevo camino en cuestión, aleja al peregrino de la fuente sagrada, impidiéndole el poder captar entonces la sutil influencia del agua.

En relación con ello, conviene reparar en el significado del itinerario seguido durante la celebración de las romerías: itinerario que, como la gran mayoría de las cosas que antiguamente se hacían, no estaba trazado caprichosamente, sino de acuerdo a unas pautas bien definidas: los fieles hacían el recorrido correspondiente, siguiendo una línea ondulada, como se aprecia, igualmente, en los movimientos de los animales salvajes (salvo, claro está, cuando el hombre destruye los pasos naturales y geometriza el entorno). En consecuencia, el recorrido de la marcha romera se adaptaba a los distintos accidentes geográficos, sin forzar el trazado de los caminos naturales.

En cuanto a la romería celebrada en honor de Nuestra Señora del Gozo, en Los Santos, al circunscribirse al ámbito de este pueblo, aquélla ha seguido, sin apenas variación, el itinerario iniciático de subida al teso sobre el que se asienta la ermita. Junto a ésta se celebraban corridas de toros, acorde con la tradición del mundo mediterráneo.

Solamente quien haya hecho a pie el recorrido tradicional, y por los antiguos caminos romeros, que conducen al Mesegal, al Mirón del Gozo o a las Yegüerizas, podrá percibir el halo de misterio que emana de aquellos lugares por donde el peregrino se ve aproximando al centro sagrado. Quizá alguien crea que el llegar a descubrir tal cosa es la carreteras modernas y seguir  las vías naturales que no fuerzan la fisiografía propia de cada lugar. De otra parte, ocurre, a veces, que el paisaje ha sido transformado, bien por causa de tales o incendios o debido a la apertura de vías modernas o a obras de captación de aguas que han destruido o alterado gravemente el entorno de ciertas fuentes sagradas; en cuyo caso, resulta difícil el poder recrear el ambiente que, tiempo atrás, rodeara la diversas manifestaciones de culto. Esto es lo que ha ocurrido en diversos lugares de España.

Se podrá comprender que existe un mundo sugestivo, configurado, dentro del plano religioso, por un conjunto de símbolos y de formas de elementos mistéricos, el cual confiere un sentido mágico a determinadas prácticas ancestrales de culto mariano. Estimo, por ello, que la historia sagrada de la comarca de Entresierras ofrece una atractivo innegable, tanto para el paisano como para el investigador. Y que nadie se piense que las diversas manifestaciones matriolátricas pueden ser entendidas, en su cabal dimensión, sin conocer el origen ancestral de las mismas. Por los demás, únicamente quienes carecen del conocimiento suficiente sobre sus propia raíces, son capaces de sonreír benévolamente antes las diversas expresiones de culto o ante las costumbres y tradiciones de un determinado lugar. Pues, de igual modo que la sapiencia del viejo posee la enjundia propia de aquello que ya ha madurado, así también, el sentido profundo de las prácticos culturales, mágicas, que religan a la comunidad con el cosmos, se halla decantado en el tiempo; es decir, forma parte de la sabiduría ancestral.

UN MICROCOSMOS MÁGICO

No se sabe si, en la zona de Entresierras, tales fenómenos de religiosidad popular se producirían también en relación con la ya desaparecida ermita de Santiago, o si ello limitaba, como así ocurre en nuestros días, a las ermitas de Nuestra Señora del Mesegal y de Nuestra Señora del Gozo. De otra parte se ha comprobado, que la concentración de un cierto número de romeros alrededor de los santuarios, moviliza una cierta energía, lo cual ha podido suscitar la aparición de determinados fenómenos a los que cabe conceptuar como mágicos, y a los que una ortodoxia demasiado encorsetada en sus propios cánones, ha preferido encuadrar bajo el concepto de fenómenos paranormales.

Ha de entenderse, por lo demás, que lo mágico no es asimilable a lo imaginario, lo ilusorio o lo supersticioso. Nada de eso tiene que ver, realmente, con el carácter cosmológico de ciertas creencias. Pues no se ha de olvidar que nos enfrentamos a fenómenos religiosos, a cultos matriolátricos entrelazados, que resistan todo intento de explicación racionalista, siempre insuficiente. Únicamente quienes creen estar por encima de <<debilidades>> semejantes, pueden ignorar el trasfondo vitalista de ciertas formas de religiosidad popular. Por el contrario, quienes saben que el hombre apareció en este planeta cuando ya las leyes de organización del cosmos estaban <<escritas>>, son capaces de comprender el sentido auténtico de los fenómenos que aquí estoy comentando.

En fin, retomando el tema de las romerías en el Mesegal, se dice que Nuestra Señora, Santa Isabel, es propiciadora de fecundidad, revelándose este aspecto en la eficacia de las rogativas que, en épocas de sequía, elevaba el pueblo. Esto es, al menos, lo que dice la tradición popular. En lo cual hay que descubrir, repito, un trasfondo cultural referido a la Diosa-Madre, con carácter de universalidad. De ahí que, en torno a la ermita del Mesegal, se congreguen numerosos creyentes, y no sólo los vecinos de Endrinal de la Sierra, sino. también, los de Los Santos, Monleón, El Tornadizo, San Esteban de la Sierra y otros lugares más. Y es que el Mesegal ha constituido, desde antiguo, un núcleo especialmente sagrado, un microcosmos; en suma, una transposición de lo que los pueblos antiguos conciben como centro del mundo.

¿Que decir, por otra parte, de las capeas que, antaño, se celebraban en los correspondientes cosos de piedra existentes en las inmediaciones de los diversos santuarios?. Tampoco hay que ver coincidencias en ello. Recordaré, sobre el particular, la ligazón existente entre el culto a la Diosa-Madre y el culto al toro. Aunque no puedo extenderme aquí en explicaciones prolijas, acerca del significado cosmológico de tal ligazón, sí quisiera subrayar, no obstante, la pervivencia de un maridaje entre los cultos lunares y el toro. No se trata, pues, en lo que a la celebración de capeas en el Mesegal se refiere, de una simple coincidencia: el rito que toma al toro como elemento central, posee un simbolismo profundo. El toro representa la fecundidad y el poder que el hombre trata de canalizar y proyectar, a través de sí mismo, hacia la tierra, hacia el cosmos.

Hoy en día, ya no se celebran capeas en los diferentes cosos sagrados; se ha perdido, así un aspecto importante de la participación popular inscrita en un ritual de relación entre el hombre, la tierra y el cielo. Empero, aún se mantiene viva una parte de la tradición, transmitida a través de los siglos. No es extraño, por ello, que el pueblo de Endrinal, en reconocida fidelidad al conjunto de saberes, creencias, intuiciones y costumbres que se han ido acrisolando en el tiempo, considere el santuario del Mesegal como un patrimonio común que no debe ser transferido.

Tampoco debieran ser <<corregidas>> las fechas, ni los lugares de celebración de los cultos correspondientes. Así, en el caso de otras fiestas tradicionales, debido a la influencia de modismo o bien por meras conveniencias de índole social, se han desplazado las correspondientes fechas celebración, sin darse cuenta de que con ello se pierde la armonía -el ritmo- establecido entre el lugar sagrado y el tiempo sagrado. Tal clase de cambios o desplazamientos, en el orden cultural, ha sobrevenido como consecuencia de la pérdida del sentido tradicional y constituye un signo de desorientación propio de las sociedades modernas, caracterizadas, en buena medida, por la superficialidad. 

Por fortuna, determinados centros sagrados, como el del Mesegal y el de la Virgen del Gozo, conservan todavía su sentido iniciático, su significado ancestral.

UNA MENCIÓN ESPECIAL: LA FUENTE SANTA

Al nordeste de la comarca de Entresierras, y en el término municipal de Navarredonda de Salvatierra, está enclavada la ermita de la Fuente Santa, hoy en ruinas. Antaño se hallaba bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, cuya imagen se encuentra actualmente en Pedrosillo de los Aires, como ya he indicado.

Contiguo al citado santuario fue edificado un convento, al parecer, de frailes mercedarios. La existencia de un pozo de agua en el interior del recinto sagrado, justificaría la construcción de la ermita, cuya presencia pregona el recuerdo de un primitivo culto a alguna divinidad precristiana. El pozo -la fuente- se constituía en centro sagrado, ámbito de la divinidad.

Tras el abandono de dicho lugar, en época incierta, por parte de la antedicha comunidad monástica, se iniciaría una fase de languidecimiento de las prácticas culturales correspondientes, hasta su completa extinción en nuestros días. Del desmantelamiento del edificio, se han salvado, aparte la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, dos columnas talladas en arenisca y un púlpito del siglo XVII. En esta misma época, se llevó a cabo una de las últimas restauraciones del santuario, de lo que da fe una fecha grabada en un dintel de granito: 1614. En 1629 se hallaba en buen estado de conservación (A. CASASECA y J.R. NIETO: Libro de los lugares..., Op. cit.; pág. 125). Hoy, las columnas y el púlpito se encuentran en el interior de la iglesia parroquial de Navarredonda de Salvatierra.

En las inmediaciones de la ermita de la Fuente Santa había un coso taurino, donde se celebraban capeas populares, y del cual, queda tan sólo el recuerdo a través de un topónimo: La cortina de la Plaza. Según me ha indicado don Arturo Rodríguez González, vecino de Navarredonda, él no llegó a conocer ya la organización de tales capeas en el mencionado lugar. Considerando que don Arturo ha cumplido ochenta y ocho años de edad, hay que suponer que aquéllas debieron dejar de celebrarse, probablemente, desde finales del siglo pasado. Como sea, lo que yo desearía resaltar, particularmente, es el detalle de la celebración d festejos taurinos al pie de la ermita de la Fuente Santa, en la misma línea que los celebrados junto a las ermitas del Mesegal, Nuestra Señora del Gozo, Santiago y las Yegüerizas.

El sentido mágico y mistérico del enclave sagrado de la Fuente Santa, incluye, además, otras facetas, en torno a la simbología del pozo sagrado se ha creado una leyenda que, al igual que ocurre en otros lugares, ha sido transmitida en clave iniciática: en el fondo del mismo, habría un tesoro, que algunas personas han buscado infructuosamente. 

La leyenda del tesoro no es más que un recurso tradicional para oscurecer el sentido oculto, mistérico, de ancestrales formas de conocimiento.

ÁRBOLES SAGRADOS

Ante la ermita de Nuestra Señora del Gozo, crece un moral. Fue plantado allí hace ya muchos años, en expresión de un viejo vínculo que, a través del árbol, el hombre ha querido establecer entre él mismo y el centro sagrado. La propia imagen venerada en la ermita fue hallada en medio de un robledal, que fue sin duda un bosque sagrado. Otro tanto reza para el nogal existente frente a la ermita del Mesegal. De ello da testimonio la tradición, según la cual, la imagen de la Gran Madre, Santa Isabel, venerada en dicha ermita, fue hallada en el hueco de un árbol. Por su parte, la ermita de las Yegüerizas se encontraba enclavada en el célebre Castañar de la Sapa.

Sobre la relación establecida entre los árboles y determinadas imágenes sagradas he hablado detenidamente en varias ocasiones, por lo que volveré aquí sobre ello (Véase; R. GRANDE DEL BRÍO: La dendrolatría...; op. cit. - <<Sobre el culto a la Dea Mater>>. Rev. de Folklores, nº 73. Valladolid, 1987; págs. 16-18). Basta indicar que el culto a los árboles quedó transferido al de la Diosa-Madre, a veces, a través del fenómeno de eclosión mariano, de modo que aquél quedaba subsumido en éste, sin apenas transformación substancial.

Hay, además, otros árboles que han gozado de condición sagrada, destacando, entre ellos, el álamo. Un ejemplar de esta especie se erguía en el centro de la plaza de Los Santos, donde se celebraba concejo; otro más se levantaba en la plaza de Monleón, y existió un tercero en la de Endrinal de la Sierra.

Puede decirse que, en la mayoría de los pueblos, las correspondientes plazas públicas conservan su árbol sagrado, a menudo rodeados de un graderío o, en su caso, de un cerquillo de piedra, simbolizando el recinto protector, el temenos. El árbol plantado en medio de la plaza representa el nexo de unión entre los tres mundos; subterráneo, terrestre y celeste. Mediante la plantación del mismo, la comunidad repetía un acto primordial. En la comarca de Entresierras, al igual que en otras zonas de Castilla y León, los repobladores medievales recreaba, así, el fundus, en la toma de posesión de un territorio, que quedaba, entonces, consagrado, en virtud del simbolismo -trascendente- del árbol, como ya ha destacado, entre otros autores, Marciano Sánchez (M.SÁNCHEZ: Vida popular en Castilla y León a través del arte (Edad Media) Ed. Ambito. Valladolid, 1982, pág.125).

Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 04 de Abril del 2001
Copyright 2000