Puente Romano  

Puente Romano

Bajamos por la calle Arroyo de Santo Domingo hasta la plaza de San Pablo. A nuestra derecha se encuentra el jardín o Huerto de Calixto y Melibea, ¿es quizás éste el escenario de los amores y las trágicas muertes imaginadas por Fernando de Rojas? Proseguimos por el paseo del Rector y al cabo de unos metros vemos, también a la derecha, la puerta del Río o puerta de Aníbal, del antiguo amurallamiento de la ciudad de la ciudad. Son murallas de época romana se destruyeron tras los sucesivos ataques y guerras de la Alta Edad Media. Junto a la Puerta se yergue una cruz gótica, a cota. Casi enfrente y ya cerca de la entrada al puente se alza la iglesia de Santiago fundada en el siglo XII y de la que nada se conserva. La construcción que se erige, de ladrillo visto, es totalmente nueva.

Desde este lugar podemos apreciar el puente romano integrante de la calzada de la plata. De los 26 arcos que tiene el puente sólo los 15 más próximos a nosotros son romanos, de época del emperador Trajano. Los potentes pilares que sostienen los arcos están reforzados por los espolones en el lado de contracorriente. Los ojos nuevos son obra de los siglos XVI y XVII. Hasta mediados del siglo XIX estaba engalanado con almenas sobre los pretiles y con la Puerta conmemorativa del matrimonio celebrado entre Felipe II y María de Portugal en esta ciudad (1543). A la entrada del puente vemos el monumento el Lazarillo, obra de Agustín Casillas, y, hacia el centro, el Verraco de los vettones, ante el que es ineludible recordar al pobre Lázaro cuando, al salir de la ciudad, el ciego le asestó una gran calabazada.

Ya en medio del puente disfrutamos de una magnifica panorámica de las altas torres y cúpulas de la ciudad y del puente de Enrique Esteban que se construye a inicios de nuestro siglo con estructura metálica. Estando aquí, en un puente milenario sobre el Tormes y con un telón de fondo como el que se nos ofrece, que es un auténtico lujo, es inevitable evocar algunos fragmentos de la historia ciudadana, de sus gentes, recordar a aquellas mujeres que, frente a Aníbal, pusieron su vida en peligro para ayudar a los hombres a recuperar la ciudad y sus bienes, esfuerzo finalmente baldío; rememorar el nefasto día de San Policarpo de 1626, cuando una violentísima tempestad de viento y lluvia y el desbordamiento del río acabó con numerosas vidas y buena parte de la ciudad. Pero es mejor recordar las grandes fiestas del Lunes de Aguas, imaginar a los tunos cantando por la ciudad o a los numerosos arquitectos y escultores en plena fiebre constructiva.


Los datos  están obtenidos del libro "Guía del Viajero Salamanca Ciudad Rodrigo y Provincia" de Susaeta Ediciones S.A. Coordinación del libro: Raquel Arroyo Fraile. Ilustración del libro: Juan Carlos Martínez Tajadura.


Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 13 de Noviembre del 2000
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