NUESTRA SRA. DEL MENSEGAL

El Mensegal (En todos los documentos más antiguos aparece escrito el nombre de Mensegal y no Mensegal, como ahora se dice. Excepcionalmente, en alguno de ellos se lee Mensegar. El nombre de Mensegal, al igual que otros topónimos de origen arábigo, tiene su origen en la etapa de repoblación medieval, según indica oportunamente el profesor Sánchez Albornoz (Despoblación y repoblación del valle del Duero, Buenos Aires, 1966; pág. 357) es un antiguo lugar de realengo, localizado a dos kilómetros al sur de Endrinal, y perteneció, al igual que Frades, al convento benedictino de San Vicente de Salamanca. En dicho lugar se halla enclavada una antigua ermita, a la que vienen acudiendo, desde tiempo inmemorial, gentes de todos los pueblos del contorno.

En el año 1413, el Mensegal y Frades son adquiridos por el concejo salmantino, pero sin incluir los correspondientes diezmos y primicias, que seguiría percibiendo el monasterio de San Vicente. Este cobró, a cambio, doscientos florines de oro, cantidad que le fue pagada de una vez, acordándose que recibiría, además, otros ochenta florines de oro de censo perpetuo al año por los lugares citados. Así consta en la escritura otorgada en el año antedicho (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Inventario Tumbo, fol. 246). Sin embargo, el concejo de la ciudad de Salamanca entraría más tarde en pleitos con el referido monasterio, que reclamaba el pago anual estipulado (La toponimia de la zona del Mensegal es ilustrativa a este respecto: varios prados ubicados en las cercanías de la ermita se conocen con el nombre de <<Los Pleitos>>).

El litigio se prolongaría por espacio de más de medio siglo, hasta que, por fin, en el año 1489, se otorga una escritura de concordia entre ambas partes, fijándose la cantidad que el concejo de Salamanca debía satisfacer anualmente, y que (por razón de los ochenta florines), fue de 123.000 maravedíes (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Inventario Tumbo, fol. 248 v.) Un año después, por medio de una cédula real, se confirma la sentencia acerca de este último acuerdo (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Registro General del Sello, julio 1490, fol. 309). En ese mismo año (1490), se extiende una escritura de trueque y cambio entre el susodicho convento y el doctor Rodrigo Maldonado de Talavera, quien pasó a percibir los 123.000 maravedíes que aquél tenía asignados de censo perpetuo por Frades y el Mensegal. A cambio, el citado doctor pagó al monasterio de San Vicente la cantidad de 150.000 maravedíes.

Cédula de los Reyes Católicos, por lo que se confirma la sentencia dada sobre la cuestión de la renta del Mensegal que el consejo de Salamanca debía pagar al convento de San Vicente de dicha ciudad. (Archivo General de Simancas: Registro General del Sello. 30 de julio de 1490).

La transacción efectuada entre el convento de San Vicente y la ciudad de Salamanca se producía en un momento de penuria para la citada comunidad benedictina, que ésta venía arrastrando desde casi dos siglos atrás. Las propiedades que los monjes tenían en Frades y el Mensegal, no bastarían para sostener económicamente al susodicho convento, pues, debido al estado de abandono del mismo, el obispo de Salamanca debió poner al frente del mismo a un presbiterio secular. En 1469, el edificio se encontraba en ruinas (F.FITA: <<Etat des monastères de l'ordre de Cluny aux XIII-CX siècles, d'après les actes des visites et des chapitres gènèraux>>. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 20. Madrid, 1892; pág. 331).

No se tiene, por lo demás, la completa seguridad de que se hubiera instalado una comunidad de monjes en el Mensegal, aunque existan diversos testimonios de ello, como el de Sebastián de Miñano, quien, por el año 1827, consignaba que <<la ermita del Mensegal fue, en otro tiempo, un convento de benitos>> (S. DE MIÑANO: Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal, tomo III, Madrid, 1827; pág. 350).

Así, pues, si hubo tal convento de monjes benitos en el Mensegal, ello debió ser en los siglos XII-XIV; al menos, no hay la menor alusión a su existencia en ninguno de los documentos posteriores. Por otra parte, el control que hubiera podido ejercer en el siglo XIV el convento de San Vicente sobre el <<otro>> convento del Mensegal sería mínimo, puesto que aquél venía padeciendo una merma crónica en sus efectivos, llegando a quedar solamente dos monjes (uno de ellos, el prior) en el año 1305 y quedando el prior solo en el año 1340 (F.FITA: Op. cit., pág. 333). Se comprende que, en tales condiciones, el supuesto enclave monástico que, en aquel entonces, pudiera haber habido en el Mensegal, carecería de entidad o habría desaparecido por completo.

Tres meses antes, el concejo de Salamanca había comisionado a Juan de Saucedo, sexmero de la ciudad, para que tomará posesión del Mensegal, cosa que aquél hizo mediante una serie de actos simbólicos: primeramente, se personó ante la casa habitada por el rentero. Pero Mateos, tomando posesión de ella mediante el acto de abrir y cerrar las puertas y pasearse por el interior de la misma y, saliendo luego al exterior, confirmó a Pero Mateos en su puesto. El siguiente paso, en la toma de posesión del Mensegal por parte de Juan de Saucedo, consistió en pasearse por las tierras de dicha heredad <<...Y cavó con un azadón que en sus manos tenía e hizo un montón de tierra y piedras en señal de continuación en la posesión sin contradicción de persona alguna...>>, ante los testigos Rodrigo Maldonado (Rodrigo Maldonado, hijo de Rodrigo Maldonado de Monleón)., regidor, y Pedro de Villafáfila, vecinos de Salamanca (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Tabla... Op. cit.; fol. 14). Por último, Juan de Saucedo se dirigió hacia los robles que había bajo el palomar y tomó posesión de ellos y de los ejidos en presencia de Juan de las Peñas, para lo cual, cortó con un calabozo las ramos de aquellos en señal de posesión (Ibidem.).

Mediante esa serie de actos simbólicos, la ciudad de Salamanca reafirmaba sus derechos de propiedad sobre el Mensegal, es decir, sobre <<las casas e casares e huertas e alamedas e todo lo perteneciente a dicho lugar del Mensegal>> (Ibidem.).

A lo largo de los años, el Mensegal sería usurpado en distintas ocasiones por los nobles salmantinos Pedro de Estúñiga, Rodrigo Maldonado de Monleón y los hijos de éste, Francisco y Rodrigo. El primero de ellos, a la sazón, Justicia Mayor del rey, se apoderó de dicho lugar en el año 1434, amparado en unos pretendidos derechos sobre el mismo, que, según él, le habría cedido el convento benedictino de San Vicente. En ese mismo año, el susodicho don Pedro de Estúñiga otorgaba una escritura, firmad en Béjar del Castañar, por lo que se apartaba del pleito que, en torno a la posesión de Frades (otro de los lugares en litigio) y el Mensegal, había entablado con la ciudad de Salamanca, declarando su voluntad de renuncia y prometiendo <<no ir contra ello so pena de diez e mil doblas de oro castellanas>> (Tabla... Op. cit.; fol. 1 v. -2).

Por lo que respecta a la usurpación del Mensegal por parte de Rodrigo Maldonado de Monleón, ello se incluía dentro de una serie de acciones caciquiles que dicho personaje protagonizó a finales del siglo XV y de las que hablaré en otro capítulo. Ya entrado el siglo XVI, serán sus hijos Rodrigo Maldonado y Francisco Maldonado quienes promoverán diversos pleitos en torno a la posesión del Mensegal, contra el concejo de la ciudad de Salamanca, legítimo poseedor de la misma. Al cabo, en junio del año 1513, los Maldonado devolverán dicha propiedad, no sin percibir, en concepto de <<indemnización>>, la cantidad de 47.565 maravedíes, que la ciudad les pagó por los gastos que aquéllos habían hecho en los edificios y en la huerta del Mensegal. Los Maldonado se comprometían a no recurrir contra ello: <<...E prometemos e nos obligamos por nosotros e por nuestros bienes muebles e rayces avidos e por aver de non demandar a la dicha cibdad ni a otro por ella cosa alguna por razón de dicho lugar del Mensegal>> (Ibidem, fols. 14 v. - 15).

Según Clara Isabel López Benito, la usurpación del Mensegal, por parte de otros nobles, se produjo con posterioridad a las sentencias de devolución de tales lugares al concejo de Salamanca (C.I.LÓPEZ: <<La devolución de las tierras usurpadas al concejo de Salamanca en los inicios de la Edad Moderna>>. Studia Histórica, vol. II, nº 3. Universidad de Salamanca, 1984; pág. 99).

Por aquellas fechas, la población con que contaba el Mensegal debía de ser muy reducida, pues tan sólo cuatro años más tarde, en el interrogatorio efectuado en 1517, dicho lugar se cita ya como despoblado. Con todo, el Mensegal sería deslindado en el año 1563, a petición de la ciudad de Salamanca (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Inventario Tumbo, fol. 250). En el año 1752, habitaban en el Mensegal cuatro vecinos y un ermitaño (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg. 503, fol. 247. Archivo General de Simancas), y, en 1827, quedaban tan sólo dos vecinos, con un total de ocho habitantes.

A finales del siglo XVIII, concretamente, en el año 1795, se firma un Acta de Concordia entre Endrinal y el convento se San Vicente, en virtud del cual, éste seguiría, devengando los diezmos y primicias; pero, en contraprestación, pagaría al pueblo seis fanegas de trigo (al año). Sin embargo, en el año 1816, los monjes del citado convento rehúsan pagar lo estipulado. Así lo hace constar un tal Juan Palomero (ARCHIVO PARROQUIAL DE ENDRINAL: Libro de fábrica). Once años después, en 1827, el ermitaño mayor del Mensegal da cuenta del convenio establecido entre Endrinal y los monjes del convento de San Vicente.

Según dicho ermitaño, en el año 1826 se hizo la tribuna de la ermita. Otras obras de mantenimiento realizadas en dicho edificio consistieron en un revocado con barro negro y un blanqueado con cal, cosa que se llevó a cabo en el año 1875. Más recientemente, en 1937 y en 1962, se hicieron sendas reparaciones del tejado.

También la plaza de toros existente a escasos metros de la ermita fue objeto de diversas obras de reparación a comienzos del siglo XVIII. Ciertamente, se comprende que el coso taurino recibiese una serie de cuidados en consonancia con los que se presentaba a la ermita, pues, como ya dije oportunamente, el culto a la Dea Mater y el culto al toro se inscribían en una misma cosmología, según la concepción religiosa de muchos pueblos del Mediterráneo.

Por todo ello, cabe pensar en que sean de la misma época la ermita y la plaza de toros; probablemente, anteriores al siglo XV (Para situar cronológicamente la época de construcción de la ermita me baso en datos documentales: en el año 1413, el convento de San Vicente de Salamanca vende Frades y el Mensegal al concejo de Salamanca; por consiguiente, los monjes poseerían dichos lugares por los menos desde finales del siglo XIV o comienzos del XV. Ahora bien, habia cuenta la estrecha vinculación de la Orden de Cluny a los enclaves sagrados donde se rendía culto a la Dea Mater, es muy probable que, con anterioridad a la fecha consignada, ya existiera una ermita en el Mensegal).

Iba diciendo que también la plaza de toros fue reparada. En efecto, en el año 1814, se pagó,  por tal concepto, la cantidad de 74 reales a Domingo García y Luis Blanco, vecinos de Endrinal, quienes percibieron 80 reales al año siguiente por la misma clase de trabajo. Dos años después, en 1817, Endrinal abona a Los Gallegos la misma cantidad y por el mismo concepto (ARCHIVO PARROQUIAL DE ENDRINAL. Libro de fábrica).

La actual condición del Mensegal deriva de la clasificación general de Montes, que permitió a Endrinal adquirir una parte de dicho lugar en pública subasta, lo cual tuvo lugar en el año 1861. La parte enajenada y puesta en licitación, que era propia de la ciudad de Salamanca, constaba de <<cuarenta y cinco huebras y veinte y cuatro estadales o sea treinta y una fanegas, tres celemines, y dos cuartillos, equivalentes a 20 hectáreas, 15 áreas, 8 centiáreas de primera, segunda y tercera calidad, por iguales partes, advirtiendo que... entran las lindes y terrenos de pasto con mata baja y zarza que hay en la finca, y no se incluye la de las dos huertas enclavadas en la misma, al sitio de Patio de Comedias y otro poco más abajo, que son propiedad de Cesáreo García y consortes (BOLETÍN DE VENTA DE BIENES NACIONALES, nº 37, septiembre de 1861; pág. 3).

EL CARÁCTER MÁGICO Y SACRO DEL MENSEGAL

Lo diré una vez más; no hay casualidades. En lo principal. Lo accidental, en cambio, sí es, como su nombre indica, aleatorio. Y no hay casualidad, desde luego, en lo que se refiere a la ubicación de los lugares donde se rinde culto a la Gran Madre, en su versión de la diosas Isis de la antigüedad y de la santa Isabel cristiana. Esta última es venerada, por cierto, bajo el nombre de Nuestra Señora del Mensegal.

A lo largo de los años, el origen de muchas tradiciones se ha ido perdiendo. En ocasiones, se hace necesario rastrear en el patrimonio ancestral, entresacando leves indicios de la memoria de aquellas personas que puedan haber conservado algún dato esclarecedor. Así le ocurrió a don Ramón Grande del Brío cuando retomo el curso de la investigaciones que, acerca de los santuarios marianos, iniciara hace ya varios años. Entonces y después de las investigaciones, dice don Ramón Grande del Brío, que comprendió que las romerías celebradas en el Mensegal y el culto tradicional en torno a Santa Isabel, a la que, por ciertas razones que no resulta difícil de explicar, se ha dado en llamar Nuestra Señora, entroncan con ciertos ritos y creencias tan antiguos como el mundo, en un contexto de deificación de las fuerzas de la Naturaleza que ha pervivido en el llamado inconsciente colectivo.

Pocos habitantes del mismo Endrinal y de los pueblos limítrofes saben que, en la ermita del Mensegal, se venera a Santa Isabel y no a la Virgen María. Sin Embargo, es así y resulta concordante todo cuanto de religioso y profano se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo en torno a Santa Isabel, madre, como es sabido, de San Juan Bautista.

Al igual que ocurre con Santa Ana, se ha venerado y se venera a Santa Isabel bajo su carácter de Madre de Todos los Saberes, des Portugal hasta Hungría. Y es significativo que, en el Mensegal, donde se congregan fieles de numerosos pueblos circunvecinos, se venga celebrando la romería principal, puntualmente, el día del solsticio d verano, coincidiendo con la fiesta del santo patrón: San Juan Bautista ¡hijo de Santa Isabel!. También en otros varios pueblos de España, las fiestas de esta santa se celebran bajo el signo del culto a la Naturaleza y propiciatorios de la fertilidad de la Tierra (J.G.ATIENZA: Los santos imposibles. Op. cit.; pág. 200).

Santa Isabel es, efectivamente, Nuestra Señora del Mensegal. Resultaría comprensible, por lo demás, el que los monjes benedictinos se instalaran en ese lugar: los asentamiento de dicha comunidad han coincidido, regularmente, con enclaves sagrados y con rutas de peregrinación, en donde, desde tiempos remotos, se ha rendido culto a la Dea Mater (R.GRANDE DEL BRÍO: <<Sobre el culto a la Dea Mater>> Rev. de Folklore, nº 73. Valladolid, 1987; págs. 16-18). Por otra parte, he podido observar que el Mensegal constituye un importante lugar de paso de aves migratorias, contándose entre ellas, las grullas. Conviene tener presente lo que ya indiqué a propósito de Santa Ana, tratándose de dos santas -Ana e Isabel- de atributos básicamente comunes y cuyos cultos correspondientes anteceden a toda época de cristianización.

El culto a la Dea Mater en el Mensegal es también anterior, pues, al establecimiento de comunidad monástica (cristiana) alguna. Debo recordar, a este respecto, que se trata de un enclave mistérico, un microcosmos, en donde, de alguna manera, se condensan todos los aspectos de la religiosidad ancestral perpetuados a lo largo del tiempo. Todavía, hoy, cuando ha desaparecido una gran parte de los bosques que antaño rodearan dicho enclave, es posible el llegar a captar algo de la cualidad inefable del mismo. Solamente el hombre moderno, incapaz, muchas veces, de acceder al significado de la cosmología ancestral, puede dudar del sentido esotérico de semejantes centros sagrados. Y, por otro lado, de no estar en contacto con el medio natural; de no investigar más allá de las evidencias <<evidencias>> -apariencias-, resulta de todo punto imposible -e inútil- el tratar de encontrar una explicación congruente a todos esos fenómenos y expresiones de sacralidad primitiva.

En cuanto a la ermita del Humilladero, sita a las afueras del pueblo, existe, en torno a ella, una leyenda: habiendo acertado a pasar un mulo cargado con un crucifijo por el lugar donde la citada ermita se levantaría después, el animal prorrumpió en fuertes rebuznos, cosa que llamó la atención de algunas personas que había por los alrededores. Una de ellas se acercó al animal, liberándolo de su carga. Al instante, el mulo emprendió una vigorosa carrera alejándose del pueblo en breves momentos. Todo aquello fue interpretado como una prueba de que, por designio divino, el crucifijo en cuestión debía de ser venerado en aquel mismo lugar. Y allí fue levantada la ermita en la que se ha venido rindiendo culto al Cristo del Humilladero (Circula otra versión, según la cual, el crucifijo en cuestión no habría sido portado por un mulo, sino por una pareja de bueyes. esto último estaría mas en consonancia con el sentido mistérico del suceso, al intervenir el toro como representante del poder (telúrico).

Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 25 de Marzo del 2001
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