Introducción   

<<Eterna Salamanca>>

La provincia de Salamanca, con una extensión de 12.326 km2. y algo más de 370.000 habitantes, de los cuales el 50% vive en la capital, se sitúa en el extremo suroccidental de la Comunidad de Castilla y León. Al norte limita con las provincias de Zamora y Valladolid, al este con la de Ávila, al sur con la de Cáceres y al oeste con Portugal. La distancia desde la capital a la provincias limítrofes y a Madrid son las siguientes; a Zamora 62 Km.; a Valladolid 115 Km.; a Ávila 97 Km.; a Cáceres 210 Km.; y a Madrid 212 Km.

Paisaje, Vegetación y fauna:

El paisaje salmantino se compone de dos unidades morfológicas bien diferenciadas: la Penillanura o Campo Charro, que abarca la práctica totalidad de la provincia. y las Sierras, al sur de la misma.

El Campo Charro o Penillanura paleozoica, con una altitud media de 800m. es un espacio abierto, una amplia llanura con ligeras ondulaciones y pequeños cerros que se caracteriza por las extensas praderas y las formaciones de robles alcornoques y sobre todo encinares adehesados. Es en estas dehesas donde se desarrollan las acreditadas ganaderías de reses bravas así como el ganado vacuno, el ovino y el porcino, éste por su excepcional calidad ha dado lugar a que los productos de Guijuelo obtengan Denominación de Origen.

Paisaje de Las Arribes del Duero, vegetación tipo Mediterráneo

Detalle de la Peña del Pendón, en las inmediaciones de Villarino.

Embalse de la Almendra

Al norte del Campo Charro se extiende la Penillanura sedimentaria, donde se encuentran las comarcas de Tierra de Alba, Tierra de Peñaranda y La Armuña. todas ellas de escasa vegetación y con grandes extensiones de cultivos (trigo, cebada) y de leguminosas. entre las que sobresalen las lentejas de La Armuña. De los cultivos de regadío cabe mencionar la remolacha y la patata. Por estas tierras llanas no es difícil ver conejos, liebres, perdices y codornices.

Al noroeste de la provincia se sitúa la comarca de Las Arribes, de gran belleza paisajística por las enormes cortadas en las que se encaja el río Duero. Por ser zona de microclima mediterráneo la vegetación más frecuente se compone de naranjos, olivos, almendros y viñedos, llegándose a cultivar incluso la fresa, todo dispuesto en bancales para obtener más superficie cultivable.

Al sur de Salamanca se encuentran Sierra de Gata, Sierra de Francia y Sierra de Béjar, todas ellas integrantes del sistema Central. Su frondosa vegetación, de tipo atlántico, se compone fundamentalmente de robles, castaños, pinos y eucaliptos (estos dos últimos de repoblación), así como las encinas en las partes bajas, choperas y alisos en las márgenes de los ríos y los arroyos y sotobosque de cascoja, jaras y lentisco. Entre las cumbres más elevadas destacan el pico de Jañona (1.367m)en Sierra de Gata; Peña de Francia (1.723m) y Hastíala (1.730m) en Sierra de Francia y El Trampal (2.443m) y Calvitero (2.395m) en Sierra de Béjar. Esta zona posee además un gran atractivo para los amantes de la caza. El las sierras de Gata y Béjar se encuentran linces, actualmente especie protegida, así como jabalís, zorros, liebres y conejos en las tres sierras, que es posible cazar cuando la veda está abierta. También se puede practicar la pesca de truchas, bogas y barbos. Uno de los lugares que más atenciones despierta en esta zona es el Valle de las Batuecas, en la falda de la Peña de Francia, lugar que merece una visita sosegada para disfrutar plenamente de todas sus bellezas.

Río Duero desde el balcón de la Code, término de Mieza

Antiguo telar de Béjar para conmemorar la gran tradición textil de la ciudad.

Red fluvial y climatología

Gran parte de la provincia salmantina se encuentra bañada por el río Tormes, que desde el sureste serpentea en dirección noroeste para ir a morir al río Duero al poco de dejar el embalse de la Almendra. Afluentes importantes del Tormes son los ríos de Martín Pérez, Larrodrigo, Almar y Cañedo. Por la zona occidental de la provincia fluyen al río Águeda, que desemboca en el Turones, límite natural con Portugal, y los ríos Yeltes y Huebra, que mueren en el Duero, también límite con Portugal. Entre los ríos más importantes de la comarca serrana mencionamos Cuerpo de Hombre u Sangusín, ambos afluentes del Alagón. La provincia se nutre también de otros ríos y arroyos que riegan todas sus zonas, así como diversos embalses, como son el de Gabriel y Galán, Águeda, Santa Teresa, Almendra, Aldeadávila y Saucelle, estos dos últimos grandes productores de energía eléctrica.

El clima es continental, con inviernos largos y fríos en los que la temperatura media es de 2º C y veranos cortos y no excesivamente calurosos, con temperaturas alrededor de los 24º C; la primavera y el otoño son por ello estaciones de corta duración. Más benigno es el clima de Las Arribes durante el invierno, y justiciero en verano, cuando se superan con facilidad los 40ºC El índice de pluviosidad es, en la mayor parte de la provincia escaso. Durante la primavera y el otoño es cuando se registran más precipitaciones, que habitualmente no superan los 400 o 500 mm anuales. En las sierras el índice se eleva, alcanzando alrededor de los 1.400 mm. anuales.

Economía provincial

La principal fuente de riqueza de la economía salmantina procede del sector terciario. El hecho de que la capital aglutine a un elevado número de estudiantes en sus aulas ha dado lugar a un gran desarrollo de la industrias editoriales. El turismo es también fuente importante de ingresos. Junto al sector terciario, destacan las actividades agrícolas (de secano y regadío) y ganadera y las industrias derivadas de las mismas, como son las fábricas de fertilizantes, de piensos compuestos, la industria chacinera de Guijuelo y la Textil de Béjar. No debe olvidarse la industria hidroeléctrica, que se desarrolla en Saucelle y Aldeadávila.

El largo camino de la historia

De todos es sabido la excepcional riqueza del patrimonio artístico y cultural de la provincia de Salamanca. Y todos sabemos, también, que este patrimonio no es sino el trasunto de la historia, de los acontecimientos que se han sucedido a lo largos de los siglos. Conozcamos la historia de esta provincia para así entender a sus gentes, sin las cuales, obviamente, no se hubiera escrito su historia.

Gracias a los bifaces y hendidores hallados en las terrazas de Galisancho y La Maya, podemos afirmar que los primeros pobladores de Salamanca fueron los hombres de Paleolítico inferior. Uno de los grandes fenómenos del Neolítico es el Megalitismo, esto es, la construcción de grandes dólmenes para enterramientos colectivos (Muéllades, Zafrán), fenómeno que, procedente de la fachada atlántica, se inicia a finales del cuarto milenio a.C. Las hachas de piedra pulimentada y otros restos líticos encontrados en estas construcciones nos hablan del sedentarismo y la actividad agrícola de los moradores del momento. De la Edad de Bronce, y en concreto de la Cultura del Vaso Campaniforme (2000-1800 a.C.) son las piezas de cerámica con incrustaciones de pasta blanca halladas en Guejuelo y Salvatierra. Al Bronce final, cuando se generaliza el uso del metal, pertenece la cultura Cogotas I (1200-1700 a.C.), que se distingue por sus cerámicas decoradas mediante la técnica de la escisión y el boquique, como las encontradas en Berrueco. Con la aparición de un nuevo metal, el hierro, la sedimentación y la explotación intensiva de la tierra se afianza. A inicios de la segunda Edad del Hierro (siglos V-IV a,C.) es cuando surge la Cultura de los Verracos, que se caracteriza por sus asentamientos sobre castros protegidos por murallas (Yecla de Yeltes), con casas de piedra y necrópolis de incineración y por la realización de piezas de cerámica <<a peine>> y de verracos enormes toros de piedra al parecer con sentido mágico y ritual.

Embalse de la Almendra

Recinto medieval San Felices de los Gallegos

Ciudad Rodrigo Casa de las Cadenas

Ciudad Rodrigo. Vista del puente romano sobre el río Águeda y del castillo de Enrique II de Trastámara

Esta cultura es creación de los vettones, pueblo indoeuropeo de origen precéltico que se instala en el sur y zona occidental de la provincia donde desarrollan una actividad ganadera. Algo más tarde llegan los vacceos; éstos ocupan el noroeste de la provincia y se dedican a la agricultura mediante el sistema de colectivismo agrario. Salamanca, la Helmántica de Polibio, por encontrase en la frontera entre ambos pueblos, está sucesivamente bajo dominio vetton y vacceo. En el año 220 a.C. las tropas del general cartaginés Aníbal sitian, conquistan y saquean Helmantica, entonces bajo control vacceo.

Entre los años 155 y 153 a.C. mientras se libran las guerras lusitanas y las celtibéricas, la provincia se va romanizando. Adscrita en época de Augusto a la Lusitania, Salamanca asiste a un proceso de total romanización como consecuencia de estar atravesada, de norte a sur, por la calzada de la Plata, vía que unía Mérida con Astorga y Zaragoza.

En el siglo V, cuando el Imperio Romano entra en crisis, llegan a la Lusitania los Alanos y Suevos. Es ésta una época de gran inseguridad y de constantes guerras. A finales de este mismo siglo otro pueblo germánico, el de los visigodos, penetra en la península. Aunque se tienen escasas noticias de este período en la provincia, si podemos confirmar que la capital era Sede Episcopal, ya que Eleuterio, obispo salmantino, asiste en el año 589 al Tercer Concilio de Toledo. Con la invasión musulmana, en el 712, la geografía salmantina sufre una intensa despoblación. Mientras la población autóctona emigra a las montañas cántabras, siguiendo las indicaciones del rey astur Alfonso I, los musulmanes no realizan una ocupación efectiva del territorio por la dureza de las condiciones físicas. Durante casi cuatro siglos Salamanca está periódicamente en manos cristianas (Ordoño I, Alfonso III, Ramiro II) y bajo poder musulmán (Muhammad I, Abd al-Rahman III, Al-Mansur), hasta que en el año 1085 el rey Alfonso VI la conquista definitivamente para la causa cristiana. Este monarca encarga al obispo Jerónimo de Perigeux la ordenación eclesiástica del territorio conquistado; al conde Rodrigo González Girón la repoblación de Miróbriga, que adopta el nombre de Ciudad Rodrigo y a su yerno Raimundo de Borgoña la repoblación de la capital. En efecto, a inicios del siglo XII llegan a Salamanca, francos, portogaleses, serranos (Asturias, León), castellanos, riojanos, toreses... que se organizan en barrios o colecciones en torno a un parroquia.

Desde la reconquista hasta el inicio de la Edad Moderna Salamanca vive bajo el signo de la repoblación de las luchas y también del auge cultural que adquiere la capital. En el siglo XII, bajo el reinado de Fernando II se repuebla Ledesma y Ciudad Rodrigo obtiene el nombramiento de sede episcopal (1161). En el siglo XIII, Alfonso VIII ordena repoblar Béjar (1208) y Alfonso IX la zona serrana (1213) y la comarca de Alba (1224). Es este monarca quien funda en 1218 el Estudio General de Salamanca (futura Universidad), institución que recibe a lo largo de los siglos innumerables favores y mercedes por parte del poder real y del eclesiástico. El siglo XIV está marcado por los efectos devastadores de la peste negra (1348), por las luchas entre los partidarios de Pedro I de Castilla y de su hermano don Enrique y por las disputas entre los bandos nobiliarios, bandos que se agrupan en torno a dos parroquias, la de San Benito y la de Santo Tomé. Dichos enfrentamientos culminan en 1465 con el asesinato de los hermanos Monroy en manos de los hermanos Manzano; éstos posteriormente, fueron decapitados por doña María de Monroy, más conocida como doña María la Brava. Por apoyar la causa isabelina frente a la facción de doña Juana la Beltraneja, la ciudad se ve favorecida por los Reyes Católicos.

Durante el siglo XVI la capital experimenta un enorme auge constructivo y cultural. Grandes figuras de nuestra historia, como son Fray Luis de León, Francisco de Vitoria, Antonio de Nebrija o Francisco de Salinas, imparten sus respectivas disciplinas en la Universidad, de la que salen discípulos tan excepcionales como Fernando de Rojas, San Juan de la Cruz y Juan de Encina, entre otros muchos. A mediados de la centuria, un hombre cuyo nombre desconocemos, escribe <<El Lazarillo de Tormes>>. germen de la novela picaresca que tanto arraigo tiene posteriormente en nuestra literatura. Pero, frente a este excepcional ambiente cultural o a las fiestas que se celebran con motivo del matrimonio entre el príncipe Felipe y doña María de Portugal (1543) en la capital, se producen acontecimientos doloroso con la guerra de los Comuneros (1520-1522), en la que mueren las libertades de Castilla y Padilla, Bravo y el salmantino Francisco Maldonado.

La decadencia de Salamanca durante el Seiscientos es paralela al debilitamiento de los Habsburgo. En la centuria siguiente, al tiempo que se produce un importante descenso demográfico por la fuerte emigración hacia América, la capital recibe favores de Felipe V en agradecimiento al apoyo recibido durante la guerra de Sucesión. Ya en el siglo XIX el nombre de Salamanca adquiere notoriedad durante la guerra de la Independencia. El 22 de Julio de 1812 en Arapiles, las tropas españolas y británicas al mando de general Wellington inflingen una severa derrota a los franceses, capitaneados por Marmont; esta victoria no supo, sin embargo. impedir la posterior venganza francesa contra la ciudad, que prácticamente quedó arruinada, ruina que se hace extensiva al ámbito universitario. La Iglesia, poseedora de grandes propiedades rústicas, se ve despojada de las mismas durante la Desamortización, momento en que surge la estructura latifundista tan característica de la provincia. Mediado el siglo se procede a la modernización de la capital y a la instalación del ferrocarril. En 1891 llega savia nueva a la Universidad; don Miguel de Unamuno es quien la revitaliza. Estancada nuevamente durante la guerra civil, esta institución, que forma parte indiscutible de la idiosincrasia de Salamanca, reincida, si cabe con más fuerza, sus actividades. Se crean los colegios Mayores, la Universidad Pontificia y la Universidad de Verano. Se fundan las revistas literarias <<Trabajos y Días>>, <<Lazarillo>>, <<Álamo>>, <<Intus>>. Entre sus profesores hallamos figuras de la talla Rafael Laínez Alcalá, Enrique Tierno Galván, Francisco Tomás y Valiente, y Gonzalo Torrente Ballester, cuyos nombres nos hablan de una Salamanca moderna, activa e integrada totalmente en el devenir de la historia.

Plaza de Gabriel y Galán Salamanca, con texto de Miguel de Cervantes Patio Chico y portada lateral de la Catedral Nueva Detalle del convento de San Esteban, siglo XVI

Breve historia de las Bellas Artes

Si bien el mayor número de obras artísticas y en mejor estado de conservación datan de época románica en adelante, no podemos dejar de mencionar obras como pinturas prehistóricas del Canchal de Las Batuecas, los dólmenes de Guijuelo y Turuñuelo y el verraco celtibérico sobre el puerto romano de la capital, uno de los puntos de más belleza de la calzada de la Plata, que unía Astorga con Mérida.

Sin obras remarcables de época visigoda y mozárabe, la arquitectura románica florece en toda provincia a partir del siglo XII, Así lo atestiguan la iglesia de San Martín, la catedral Vieja o la iglesia de San Marcos, en Salamanca; la catedral de Ciudad Rodrigo y la iglesia parroquial de Almenara de Tormes, todas ellas con rica decoración escultórica en las portadas y en los capiteles, donde se labran motivos vegetales, figuración humana y parte del repertorio animalístico medieval. También románicos, o más exactamente románico-mudéjares son los templos que se erigen en poblaciones como Gajarte, Rágama y Villoría. Estos edificios de ladrillo se cubren con artesonados de madera; la decoración se limita a los motivos geométricos tan del gusto de la civilización musulmana. Pieza Importante de la orfebrería es la imagen de la Virgen de la Vega.

El gótico entra en escena en el siglo XIII y perdura hasta bien entrado el siglo XVI; así lo evidencian la nueva catedral y la iglesia de San Esteban, en Salamanca que se inician en 1512 y 1524, respectivamente. Dentro de la estética del gótico se erigen esbeltos edificios religiosos de Cañedo y de Puente del Congosto, y edificios civiles como la casa de Doña María la Brava y la Casa de las Conchas en la capital, ésta excepcional no sólo por su arquitectura sino también por la labor de la rejería. En el ámbito pictórico sobresalen las figuras de Antón Sánchez de Segovia, Fernando Gallego y Nicolás Florentino.

Con la llegada de la Edad Media surge el Renacimiento. Salamanca puede sin duda alguna calificarse como capital del Renacimiento español tanto por la cantidad como por la calidad de sus edificios. Al tiempo que se levantan edificios de nueva plata -palacio de Monterrey, colegio de Fonseca- otros, de estructura gótica, reciben ornamentación plateresca -fachada de la iglesia de San Esteban, Universidad-, con abundantes grutescos, medallones, heráldica... de fácil labra por la ductilidad de la piedra dorada de Villamayor.

Rodrigo Gil de Hontañón, Juan de Álava y Fray Martín de Santiago, entre otros, son los arquitectos que llenan la ciudad de bellos edificios de sabor clasicista. Alonso Berruguete, Juan de Juni, Diego de Siloé y Lucas Mitata llegan a Salamanca para ornamentar los edificios religiosos con esculturas exentas y sepulcros.

Si bien en el siglo XVII la actividad constructiva decae, en la capital se construye uno de los edificios más representativos de su fisonomía; la Clerecía. La escultura, de carácter naturalista-realista, adquiere un gran auge en torno al taller de Antonio de Paz. Juan Fernández, en la Clerecía, es quien crea la tipología de gran retablo barroco de cuerpo único con columnas salomónicas. La retablística, durante el siglo XVII evoluciona hacia una creciente barroquización mediante mediante el dorado y la adicción de elementos vegetales, hornacinas, tabernáculos y figuras de gran movimiento. Un proceso similar al experimentado en el siglo XVI surge, en el campo arquitectónico, en el siglo XVIII. Los hermanos Joaquín y Alberto de Churriguera y Andrés García de Quiñones, son los grandes artífices de la Salamanca barroca: Plaza Mayor, Ayuntamiento, Colegio de Calatrava, patio de la Clerecía, José Benito de Churriguera y José de Larra Churriguera, son los escultores más prolíficos del momento; Manuel García Crespo y Juan de Figueroa crean obras excepcionales en el campo de la platería.

Frente al abundante repertorio de obras barrocas, pocas muestras tenemos de la vuelta al antiguo orden, el neoclasicismo. Entre ellas podemos mencionar el colegio Anaya de Salamanca y el convento de la caridad en Ciudad Rodrigo, ambos de Juan de Sagarvinaga. En la segunda mitad del siglo XIX se introduce la arquitectura del hierro y se construyen el mercado central y la Plaza de Toros. La arquitectura histórica se nutre de modelos románico-mudéjares y renacentistas. Modernistas son la casa de Lis y el palacio del Marqués de Yen. Tras la contienda civil, Víctor d'Ors proyecta el ensanche de la capital; Francisco Cabrero, el barrio Vidal. Los nuevos edificios se encuadran dentro del estilo monumental tan característico de momento: Banco de España, de Romualdo Madariaga. Desde mediados de siglo se construye de acuerdo con el estilo internacional: Fernando Ramón realiza en hormigón visto la fábrica de Pombián; Julio Cano Lasso y Alberto Baeza son los autores de la Facultad de Farmacia;  Antonio Fernández Alba levanta el convento de las Franciscanas y traza la ordenación del parque Garrido; a Emilio Sánchez Gil y Juan Carlos Goiría Cuello se debe el edificio de la Caja Rural y a Fernando Población el del Banco de Castilla de la plaza de los Bandos.

Pintores importantes del siglo XX son Celso Lagar, integrante de la Escuela española en París; Manuel Sánchez Méndez y María Chana abordan la abstracción;  Zacarías González se sitúa entre el surrealismo y la corriente metafísica: Eusebio Sánchez Blanco recurre al expresionismo en sus dibujos y Jesús Alonso se integra en el neoexpresionismo de los años 80. En el ámbito escultórico debemos recordar los nombres de los salmantinos Mateo Hernández, cuyas obras muestran claros resabios sumerios y egipcios; Venancio Blanco realiza obras abstractas mediante la combinación de formas llenas y vacías y, Ángel Mateos, representante de la vanguardia abstracta, trabaja preferentemente con hormigón. También han dejado muestras de su obra escultores de tanto prestigio como Pablo Serrano, Victorio Macho y Chirino, entre otros.

La literatura

<<Salamanca>> es casi sinónimo de <<universidad>> y por consiguiente de <<intelectualidad>>. Por la universidad salmantina han pasado los más grandes nombres de nuestra literatura, juristas, teólogos, músicos, unos como alumnos y otros como profesores. En la actividad literaria descuellan las figuras de Juan del Encina, Fernando de Rojas, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, mateo Alemán y Vicente Espinel, durante el siglo XVI. Calderón de la Barca y Góngora en el Siglo de Oro. Diego de Torres y Villarroel y Juan Meléndez Valdés en el siglo XVIII. Miguel de Unamuno en el siglo XIX y Gonzalo Torrente Ballester recientemente, por sólo nombrar a algunos de una larga nómina. Son muchos los autores que sin ser salmantinos ni haber estudiado en su Universidad toman esta tierra como escenario de sus obras. Este es el caso de Cervantes y su licenciado Vidriera; del autor anónimo de El Lazarillo de Tormes; de Lope de Vega y Las Batuecas del Duque de Alba; Tirso de Molina escribe La Peña de Francia; Espronceda El estudiante de Salamanca y Benito Pérez Galdós, La batalla de Arapiles. Salmantinos ilustres por todos conocidos son el poeta José María Gabriel y galán y la narradora Carmen Martín Gaite,

La artesanía

Sin duda alguna Salamanca es una de las provincias en la que aún perviven numerosos oficios artesanos con un buen número de talleres diseminados por toda su geografía. La labores de alfarería y de orfebrería, así como el trabajo de cuero en diversas de sus modalidades, son las actividades artesanas más frecuentes. Muy preciadas son las piezas que salen de los alfares de Alba de Tormes, de las joyerías de Salamanca, Ciudad Rodrigo o Sequeros y los botos camperos de Mogarraz. De gran cromatismo y fantasía son las labores de bordado que realizan las mujeres de la Alberca, y de gran finura son los encajes de bolillo y de aguja. Los talleres de cestería de Villoruela , Montemayor del Río o Miranda del Castañar gozan de gran prestigio. una de las realizaciones más vistosas son los carros pintados, habitualmente con escenas cotidianas o bien festivas, marítimas..... Otra labor de madera de gran belleza son las arcas de novia y las de monja. Con el mismo cuidado y esmero se realizan distintas piezas metálicas, tanto en fierro forjado (picaportes, tiradores) como de cobre (braseros, chocolateras)...

En el terreno de la producción artesanal, ha gozado de relevancia la fabricación de tejidos, en Los Santos, que ocupa, tiempo atrás, a numerosos habitantes del pueblo. Como derivación de los trabajos lineros, tuvo arraigo la confección de trajes populares, así como mantas y alforjas. Aquellos dejaron de vestir al santeño desde la década de 1920, siendo exhibidos, a partir de entonces, únicamente, en ciertos días señalados, coincidiendo con la romería y la festividad patronal. Dichos trajes reflejan, en su diseño, el carácter de lugar de Entresierras que presenta Los Santos, participando de la sobriedad del traje charro y del primor del traje serrano. En cuanto a la fabricación de mantas y alforjas, se ha mantenido la tradición, habiendo destacado, en tal faceta, Ángel Miguel El Majo, del que es digna continuadora su hija Maria Antonia Pérez Hernández Escudero.

En la actualidad es Don Antonio Pérez que ha continuado con esta tradición en la fabricación de mantas y alforjas, como podéis ver en estas fotos trabajando a fondo, pues según nos comento para hacer una manta es un trabajo muy laborioso si realmente se quiere hacer bien, aunque también tiene la ayuda de su mujer (Pilar), para preparar las tiras de ropa hay mucho trabajo.

Pincha sobre la imagen para verla a tamaño mayor.

Romería, fiesta y toros

De gran riqueza, vistosidad y de tradición secular es el patrimonio festivo y folklórico de esta provincia cuya raíz se encuentra habitualmente en hechos religiosos o históricos. frecuentemente, como elementos inseparables de las fiestas están los toros -no podía ser menos en tierra de extensas dehesas e importantes ganaderías- y la comida. Gran renombre tienen los Carnavales del Toro de Ciudad Rodrigo, a donde acuden numerosos muletillas de toda la Comunidad con la ilusión y la esperanza de resultar vencedores en las capeas y poder matar su primer novillo. Igualmente Famosas son las corridas que se celebran durante las ferias del mes de Septiembre en la capital, que des días antes se anuncian mediante Mariseca. Entre la fiestas más coloristas y tradicionales están el Lunes de Aguas en Salamanca, las Candelas, el Trago y el Ofertorio y Loa de la Alberca; las Águedas en Miranda del Castañar; en Béjar, el Corpus Christi, con sus hombres de musgo, y el Día del Hornazo, en Hinojosa del Duero celebran los Mayordomos de San Juan Bautista y en La Fregeneda la Fiesta del Almendro, la Procesión en la que sale la Cruz de Plata de la Iglesia a la ermita en Los Santos. A lo largo de nuestro recorrido por la provincia charra iremos conociendo otras muchas celebraciones y romerías, que animan y alegran periódicamente el quehacer cotidiano de las gentes de esta tierra.

Lunes de Aguas

La celebración del Lunes de Aguas se remonta al siglo XVI, cuando Felipe II ordena que las mujeres públicas deben abandonar la ciudad durante la Cuaresma, Éstas se trasladan a la otra orilla del río Tormes, donde permanecían has el lunes siguiente de Pascua de Resurrección. En esta fecha los estudiantes salmantinos, con el Padre Mancebía o Padre Putas al frente del numeroso grupo, cruzaban el río en barcas para recoger entre vítores de alegría y ajetreo de ramas a las rameras, que eran conducidas de nuevo a sus casas de trabajo. El acontecimiento se festejaba, con comida y bebida a orilla del Tormes. En la actualidad, desprovista de las connotaciones que la vieron nacer, se mantiene la fiesta, jornada que aprovechan los salmantinos para reunirse a comer el Hornazo en el lugar tradicional.

La restauración

La sabrosa cocina salmantina se caracteriza por la consistencia de sus platos, en los que tiene mucho que ver el clima. Uno de los ingredientes más frecuentes de los fogones son las legumbres, entre las que sobresalen los judiones de la vega del Tormes, las lentejas de La Armuña y los garbanzos de Pedrosillo, con lo que se elabora el cocido castellano, que se ha de comer, según la tradición, a sota, caballo y rey. Pero sin duda el ingrediente más importante de la gastronomía salmantina es la carne, con la que se realiza una amplia gama de exquisitos manjares como el hornazo, la chanfaina, el cabrito asado, que adquiere especial relevancia en Peñaranda  y la comarca serrana, las perdices al estilo de Alba de Tormes, el limón de Ciudad Rodrigo, el calderillo bejarano, el picadillo de Tejares, el farinato también llamado <<tajada falsa>> que se ha de comer con huevos fritos, y un largo etc.  Dentro de las carnes la de mayor fama es la del cerdo, del cual se extrae el Jamón, que en Guijuelo está protegido por Denominación de Origen, y el chorizo cular de Candelario. Y para que todo esto pase bien se ha de regar con vino de la tierra; tinto o rosados de la Ribera de Salamanca, tintos, de suave aroma, de la sierra de Salamanca, o bien con los célebres vinos de la Ribera del Duero. Si la carta de pescados es más corta, no por ello menos sabrosa. Gran fama tienen las truchas, las tencas, los cangrejos, las ancas de rana y las anguilas. A la hora de los postres y los dulces la oferta es amplia y variada; junto a los tradicionales arroz con leche o natillas merecen especial mención el bollo Maimón, las rosquillas o paciencias de Ledesma, las almendras garrapiñadas de Alba de Tormes, las roscas almendradas de Saucelle, los cañitos de Aldeanueva de Figueroa, los repelaos, el santillin, que a buen seguro dejarán satisfecho al comensal más exigente.


Los datos  están obtenidos del libro "Guía del Viajero Salamanca Ciudad Rodrigo y Provincia" de Susaeta Ediciones S.A. Coordinación del libro: Raquel Arroyo Fraile. Ilustración del libro: Juan Carlos Martínez Tajadura.

Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 07 de Noviembre del 2000
Copyright 2000