Historia

La Prehistoria y la Edad Antigua

Muy antiguos son los indicios de poblamiento humano en la zona de Entresierras. datan de la época prehistórica los instrumentos de cuarcita hallados en el Lombo, en termino de Endrinal, pudiendo remontarse al Neolítico, periodo en el que se encuadran también las diversas hachas pulimentadas descubiertas en el alto de la Calera (Los Santos), en las Senaras (Casas de Monleón) y en el solar del primitivo castro prerromano sobre el que se asienta hoy en Monleón.

Corresponden a un momento posterior los megalitos de la Yegüerizas (Monleón) y la Guadaña (Villar de Leche), así como los poblados de la Sapa (Monleón) y la Calamorra (Endrinal) y el dolmen de la Senaras (Las Casillas). A la plena Edad del Bronce pertenece el hacha de bronce de talón y anillas hallada en el prado Batan, junto al arroyo de Santa Maria, aunque se desconocen la características del yacimiento del que dicha pieza pudiera proceder.

Existen además, restos de poblado prerromano, en lo alto del Cabezo -1102 metros- a la parte oriental de Los Santos, dominando el paso de la Calzada de la Plata. En el interior del recinto, delimitado por un muro que se extiende por la ladera norte del monte, pueden verse vestigios de casas de planta circular. El abandono del mismo, por parte del elemento indígena, debió de producirse a raíz de la ocupación romana. En cotas más bajas, sobre la falda meridional del Cabezo, se observan restos de otras construcciones antiguas, muy desfigurados hoy, debido a la calicatas mineras efectuadas años atrás.

La Edad del Hierro se halla representada en la zona a través de una serie de vestigios existentes en los diversos poblados, las cuales dejarían de ser habitantes durante la etapa de la romanización. No resulta aventurado decir que el poblamiento de los mismos en la Edad del Hierro debió efectuarse, como en tantos otros casos, aprovechando enclaves de épocas anteriores. De la Edad del Hierro es el verraco de piedra localizado en la villa de Monleón.

Alguna probabilidad de que ya fuese pueblo en tiempo de los romanos suministra el haberse descubierto aquí, según-Villar, el epitafio, llevado a Salamanca, que Hübner inserta bajo el número 875. Después fue de Templarios, según Sánchez Cabañas y más tarde se agregó a la jurisdicción de Monleón. Su sitio no tiene condiciones estratégicas de ciudad antigua.

La presencia romana esta documentada por medio de los restos arquitectónicos de Villar de Leche, Los Santos y Monleón (Cercanías de la Olla de la Sapa), así como también por una importante obra de infraestructura: La Calzada de la Plata. Esta discurre, dicho sea de paso por terrenos de Valdelacasa, Fuenterroble de Salvatierra, Casafranca, Palacios de Salvatierra, Berrocal de Salvatierra y Navarredonda de Salvatierra.(J.M.ROLDAN: Iter ab Emerita Asturicam (El Camino de la Plata), Universidad de Salamanca, 1971; Pág..133) El trazado de dicha calzada se hallaba señalado por la presencia de varios miliarios, uno de los cuales, el que ostenta el numero CXLVIII, se encuentra, actualmente, arrumbado en los ejidos de Fuenterroble. Por mi parte, he visto otros dos miliarios (anepigrafos) adosados a un hastial de la Iglesia de Casafranca y otros dos más en Membribe, los cuales sirvieron hasta hace unos años para sostener un portalillo que hubo ante la fachada del antiguo edificio de la iglesia parroquial. (De estos miliarios, actualmente arrumbados en una escombreta, frente a la iglesia, uno de ellos conserva inscripción y ha sido dado a conocer oportunamente (Véase R.GRANDEL DEL RÍO: <<Un nuevo miliarios de la Calzada de la Plata>> Rev.Prov.de Estudios de la Excma. Diputación Provincial de Salamanca, núms., 9-10, 1983)

De época romana seria una estela votiva descubierta en la dehesa de Aldeanueva de Campo Mojado y daba a conocer por el P.Moran. (La estela fue transcrita por el P.Moran en su obra Reseña Histórico-Artista de la provincia de Salamanca. Salamanca, 1946; Págs..81 y 82. Dice lo siguiente: D(omino) N(ostro) Flavio Claudio Constantino Iun(iori) Batia(nus) q(ui(n (quenmalis) Ce(n)s(itor) L(usitaniae). Traducción: Baciano, censor de la Lusitania por cinco anos, dedica este monumento a nuestro señor Flavio Claudio Constantino el Joven).

De un periodo posterior son las sepulturas descubiertas en La Calamorra, en el extremo nororiental del termino municipal de Los Santos. Por lo que he podido observar, aquellas pertenecían a una necrópolis tardo romana que se extendía hasta alrededores de la fuente del tío Eustaquio. Algunas de las losas que cubrían las sepulturas correspondientes, presentaban caracteres numerales romanos, según la referencias que he podido obtener. Otras pizarras con inscripciones similares han aparecido en Fuenterroble y Los Santos (Algunas de tales pizarras escritas se hallan en poder de Don Manuel Rodríguez, cura párroco que fue de Fuenterroble de Salvatierra). También tardo romano es el poblado descubierto recientemente por Juan Luis Alejandro y el auto de este libro de la Senaras, al suroeste de Las Casas de Monleón.

Todos los poblados y necrópolis citados se sitúan, cronológicamente, entre los siglos VI-VII, sin que sea dable al concretar mucho más, a falta de las oportunas excavaciones arqueológicas. En cuanto a la necrópolis de Santillán, junto a la desaparecida ermita del mismo nombre, cerca del pico Monreal, ha podido ser fechada en torno al siglo VII,  a partir del examen de diversos materiales de inhumación, procedentes de los pertinentes trabajos arqueológicos (Las excavaciones arqueológicas correspondientes, en las que también participo quien esto escribe, se llevaron a cabo en el verano de 1977. siendo director del mismo el profesor Enrique Cerrillo).

Cabe citar, además a una serie de sepulcros antropoides y de lagaretas excavadas en la roca, en medio del monte, concentrándose unos y otras sobre los márgenes del rió Alagón. Se han fechado dentro de la época Medieval.

Hay indicios razonables para pensar que la presencia de comunidades monásticas en la comarca de Entresierras coincidiría con la existencia de villas romanas (abandonadas), al menos en lo que se refiere a los lugares del Mesegal, La Granja de Monreal, Santillán y la Fuente Santa. En todos ellos hay resto tardo romanos y hay o ha habido algún santuario; además, los dos últimos, se localizan junto a la Calzada de la Plata.

Así, pues, aunque se hable en términos de repoblación medieval, conviene puntualizar que, anteriormente, existía ya alguna clase de poblamiento, que estaría constituido, en buena medida, por elementos visigóticos. Por lo demás, cabe pensar en que carácter mágico-religioso de dichas comarcas propiciaría el origen de alguna forma de monacato incipiente, si bien se carece de documentación escrita sobre asentamientos semejantes en la Alta Edad Media.

LA EDAD MEDIA

Es a partir de la Edad Media, con el proceso de repoblación que vivió todo este territorio, cuando Los Santos cobra impulso e importancia. En tiempos de Felipe IV adquiere la consideración de Villa.

En el siglo XVII fue vendida su jurisdicción al Duque de Bejar, don Francisco López de Zúñiga, agregándose más tarde, por herencia, al Condado de Valero, en la persona de don Alonso Diego López de Zúñiga.

Tras un pleito, la villa recupera su autonomía, según documento fechado en el 1664.

Este acontecimiento tuvo como protagonista a un hombre llamado Pedro Álvarez, quien logro el dinero suficiente para devolver a Los Santos la total libertad, aprovechando la minoría de edad del Marques de Valero.

De su patrimonio y del vecindario reunió 64.567 reales más tres maravedíes dobles de plata, más otros 2.770 maravedíes, en concepto de costas, con cuyas sumas consiguió la jurisdicción propia de Los Santos, quedando el pueblo libre de la carga feudal y pasando a ser villa realenga con los atributos de horca y cuchillo. (Explicación mas extensa en ASPECTOS HISTÓRICOS)

A partir de esta fecha comienza una etapa de esplendor en Los Santos.

LA REPOBLACIÓN MEDIEVAL

Las incursiones guerreras -razzias- de Almanzor en el siglo X habían creado un desierto entre el Duero y el Tajo, que solamente dos siglos más tarde se poblaría de nuevo, esta vez de forma estable y continuada. Gentes procedentes del norte, en menor medida, del sur, se instalarían en territorio salmantino.

Las primeras repoblaciones de la zona comprendida entre las sierras Mayor y Menor cendras asistidas de la mano de Raimundo de Borgoña; pero será bajo el reinado de Alfonso IX, que aquellas queden aseguradas: entre los años 1188 y 1230 se refuerzan las diversas líneas defensivas, y se fortifican, entre otros, los núcleos de Monleón, Monreal, Salvatierra y el Carpio (J.GONZÁLEZ:<<Reconquista y repoblación de la Extremadura Leonesa>>.Hispania, n.XI, Madrid, 1943; Págs..239-240), amparando al mismo tiempo el establecimiento de los nuevos pobladores, así como también el de ciertos enclaves monásticos. El elemento humano ocupaba Monleón, Monreal y Salvatierra ya en el año 1215 (C.SÁNCHEZ ALBORNOZ: Despoblación y repoblación del valle del Duero. Buenos Aires, 1966; Pág..395). En cuanto a los núcleos de Frades, Bembibre (El nombre primitivo de Membrive es Bembibre, como así se llama también otra población de la actual provincia leonesa) y El Tornadizo, figuran ya como tales en el ano 1265. Es probable que Los Santos, Endrinal de la Sierra, Villar de Leche, Aldeanueva de Campo Mojado, El Mesegal y las Casas de Monleón, surgieran por la misma época.

Que, junto con la potenciación demográfica, la repoblación medieval represento, también, un factor de alteración ecológico, eso es algo que hoy no cabe poner en duda. Y ello no pudo impedirse, a pesar de ciertas interdicciones contenidas en el Fuero de Salamanca, por las que se trataba de preservar determinadas áreas, como <<los campos y encinares concejiles del Extremo>> (FUERO DE SALAMANCA. véase J.L.MARTÍN MARTÍN: El patrimonio de la Catedral de Salamanca. Un estudio de la ciudad y el campo salmantino en la Baja Edad Media. Diputación de Salamanca, 1985; Pág..339).

Ciertamente, los territorios comprendidos entre las sierras Mayor y Menor, que, con anterioridad al siglo X, se hallaban casi por completo despoblados, sufrirán, ecológicamente hablando, el impacto derivado de la instalación de contingentes de personas provenientes de Allende el Duero, los cuales, como ocurre en todos los procesos de conolización, no habían pasado, previamente, por ninguna etapa de adaptación al medio, en las zonas ocupadas. Los repobladores medievales actuaron, ciertamente, bajo las mismas pautas de comportamiento que cualquier sistema implantado -no coevolucionado- en un área determinada. Por supuesto qué lo rudimentario de las técnicas empleadas en la explotación de las tierras y en la rotulación de los montes no alcanzaría a conmocionar seriamente el ecosistema de un primer momento. Sin embargo, debo recordar que toda acción que suponga una alteración persistente del equilibrio (dinámico), posee efectos acumulativos, extremo este muy raramente tenido en cuenta por quienes estudian lo relativo a <<impactos>> ecológicos en un espacio y en un tiempo concretos.

Siglos mas tarde, diversos documentos se hacen eco de los destrozos ocasionados en los montes de las Sierras Mayor y Menor, que eran de suyo muy bravas e inhabitables. Así se indica en una carta ejecutoria de Felipe II, en la que se inserta otra de los Reyes Católicos, fechada en el año 1502, por la que estos ordenan que no sean ocupadas tierras en las sierras Mayor y Menor, dirigiéndose al corregidor Diego Osorio para que no rompan el monte, ni acoten, mediante cerramiento, parte alguna de dichas sierras. En la misma carta de Felipe II, y en el que un tal Alonso Sánchez de Aguilar, escribano de concejo, dice que se hacían rozas y quemas y otros destrozos en los montes de la sierras antedichas para labrar (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA. R/1094, fols.1v, 3-5y9.).

De igual manera, en la Reconquista del año 1452, se dice que las cortas de castaños realizadas en dichas sierras lo fueron de intensidad <<que quedaba desarbolada la sierra>> (B.GARCÍA: El fenómeno histórico del despoblamiento en la provincia de Salamanca. Salamanca, 1982, Pág..49). En materia de caza, existían ya algunas reglamentaciones hechas en tiempos de Enrique IV, pero, debido a su escasa eficacia, fue preciso dictar otras nuevas en los años 1502 y 1515.

Semejantes acciones de quilmación de los recursos naturales, no hay que contemplarlas como casos aislados, sino dentro del proceso de deterioro ecológico que se había iniciado con la llegada de los primeros colonos repobladores y que se iría incrementando con el tiempo. En efecto, los problemas de tal índole se agudizarían siglos después, a tenor del desarrollo de nuevas técnicas de zaca, de las crecientes demandas de madera y de la expansión demográfica. En algunos casos, sin embargo, los propios habitantes de los pueblos trataron de adoptar algunas medidas de protección para ciertos enclaves. Así, en un documento del siglo XVIII, conservado en el Ayuntamiento de Monleón, se deja constancia de la preocupación que existía, ya en pleno siglo XVI, por preservar el denominado castañar de la Sapa, en el pago de la Yegüerizas. Ello no obstante, no se lograría evitar el posterior arrasamiento del mismo.

Mejor fortuna han corrido los castañares que hay en Los Santos y que distribuyen por los pagos del Tejar, la Alhóndiga, la Umbría y la Vega, aquellos se hallan constituidos, en gran parte, por ejemplares viejísimos, cuyo origen va ligado, probablemente, a la presencia de comunidades monásticas en la zona. De esto ha quedado memoria a través de topónimos, tales, como Fuente de los Abades, al norte de Los Santos. En los alrededores, hay indicios de un poblamiento antiguo. Como también los hay en el Mosquilejo, en donde quedan vestigios de viejos molinos y bancales de viñas, entre la espesura de un soto magnifico.

Félix Gómez apuntaba, en un articulo publicado en el numero 8 de la revista <<La Talanquera>> (Los Santos, 1983), que los corpulentos castaños pudieran proceder de plantaciones efectuadas por los grandes señores durante los siglos XV y XVI. No hay que descartar tampoco semejante hipótesis para algunos casos; pero lo cierto es que, en pleno siglo XV, ya había bosques de castaños en tierras de la vicaria de Monleón (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Tablas de las Escrituras e Privilegios de esta muy noble ciudad de Salamanca. Libro segundo, fol.30.) y ya entonces, algunos nobles, escuderos, oficiales y hombres buenos de Salamanca, se encargaron de efectuar talas en los mismos, sin que, por otra parte, los documentos de la época hagan mención alguna a operaciones de repoblación forestal. De otra parte, hay que estimar la posible existencia espontánea -autóctona- del castaño en esa zona; contra la creencia, bastante extendida, de que los romanos introdujeron dicha especie en España. Otra cosa es que estos contribuyeron a su expansión. Diré, sobre el particular, que, a través de los pertinentes análisis polínicos, se ha podido determinar la presencia del castaño en España, en yacimientos arqueológicos de la época prehistórica (A.GUILLEN: <<Sobre la introducción del castaño Castanea sativa en el Mediterráneo Occidental>> Zephyrus, XXXIV-XXXV. Salamanca, 1982; Págs..99-100).

LA DESPOBLACIÓN, ORIGEN DE LA ACTUALES DEHESAS.

La repoblación humana de la zona comprendida entre las sierras Mayor y Menor se hallaba sujeta a la jurisdicción realenga. Sin embargo, la creciente inseguridad que padecían los habitantes del medio rural, provocaría, mas tarde, una paulatina despoblación de muchos lugares. Concurrían, además, según el profesor García Zarza, otras causas, que en lo que al sur de la provincia de Salamanca se refiere, se pueden cifrar en la escasa extensión de los terrazgos correspondientes y en las desfavorables condiciones climático-edáficas (E.GARCÍA ZARZA: Los despoblados (dehesas) salmantinos en el siglo XVIII. Centro de Estudios Salmantinos, Salamanca 1978; Pág..60). Surgirían, así las dehesas, termino que, en su acepción moderna, hace referencia a las características del régimen de propiedad de ciertos latifundios, considerados, según el profesor Cabo Alonso, como : <<cotos redondos convertidos en pequeñas aldeas señoriales o en grandes fincas...>>. En ocasiones, la propiedad se limitaba al suelo, con exclusión del arbolado (A.CABO: <<La Armuña y su evolución económica>> Revista de Estudios Geográficos. Madrid, 1955 Pág..80) <<Antecedentes históricos de las dehesas salmantinas>> Estudio integrado y multidisciplinario de la dehesa Salmantina. Salamanca-Jaca, 1978; Págs.. 63-98)

No voy a extenderme aquí en la exposición del tema; lo han hecho ya con anterioridad otros autores, entre los que, además de los antes citados se encuentran Bienvenido García Martín y Nicolás Cabrillana Ciezar. Todos ellos han dedicado alguna especial atención al estudio de los poblados salmantinos, señalando, entre otras cosas, que los atropellos perpetrados por lo señores de Tejada y de Miranda del Castañar, en las personas y bienes de los colonos, fomentarían, a partir del siglo XV, el despoblamiento del campo en el sur de la provincia de Salamanca, como así se expresa en las Pesquisas de 1433 y 1453 (N.CABRILLANA: <<Salamanca en el siglo XV, Nobles y Campesinos>>, Cuadernos de Historia, 3 anexo Hispania. Madrid, 1969; Págs.. 255-295). Durante la primera mitad de dicho siglo, particularmente agitado, en lo que a Castilla se refiere, los distintos pueblos y aldeas elevan numerosas quejas ante la autoridad competente por el modo de proceder de Gómez de Benavides, Alonso de Tejada, Fernando de Tejada y Pedro de Estúñiga. De las diversas irregularidades cometidas por dichos personajes se hacen eco las referencias pesquisas (Hay amplia información en un manuscristo del siglo XV conservado en la Biblioteca Nacional, en Madrid y del que ya habla Cabrillana. Yo lo he consultado también. Dicho documento se halla en la Sección Manuscritos y figura como Reservado 233).

En nuestra zona de estudio y alrededores, la despoblación afecto a Villar de Leche, el Mesegal, la Granja de Monreal, las Casas de Monleon, Aldeanueva de Campo Mojado, y aun podríamos enumerar, en los aldeanos de la sierra Menor: los Lazaros, Castroverde, Garriel, la Mora, Segoviela de Pero Bonal (Segovia del Doctor) y Coquilla; todos los cuales aparecen con carácter de despoblado en el año 1629; algunos de ellos, como el Mesegal, Aldeanueva de Campo Mojado y Villar de Leche, figuran ya como tales, en 1517, en 1534 y 1591, respectivamente (B.GARCIA: Op. cit. Págs.. 120ss)

Respecto a la Fuente Santa, lugar situado sobre el borde oriental de la sierra Menor, un kilómetro al norte de Navarredonda de Salvatierra, junto a la Calzada de la Plata, no figura como despoblado con anterioridad al siglo XIX. En 1850 Pascual Madoz consigna que la Fuente Santa era un despoblado (P.MADOZ: Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España. Madrid, 1845-1850). Lo cual no deja de resultar sorprendente, dado que, en el año 1629, un visitador eclesiástico tan minucioso como lo es el autor del Libro de los Lugares y Aldeas del Obispado de Salamanca, no hace la menor referencia a dicho lugar como despoblado. Dicho visitador se limita a decir que el nombre de Fuente Santa corresponde a una ermita que goza de mucha devoción y a la cual acude mucha gente...; no alude a la existencia de poblado alguno (A.CASASECA y J.R.NIETO: Libro de los lugares y aldeas del Obispado de Salamanca (manuscrito de 1604-1629). Universidad de Salamanca, 1982 Pág.. 125). Sin embargo, las indagaciones que personalmente he efectuado sobre el particular, apuntan a la ocupación (quizá estacional) de dicho lugar por parte de una comunidad de frailes mercedarios en el siglo pasado. Aún pueden verse las ruinas del supuesto edificio conventual junto a las de la ermita, en la que, al parecer, recibía culto Nuestra Sra. del Rosario de Fátima, cuya imagen fue trasladada a Pedrosillo de los Aires hacia el año 1935.  También hubo en aquel lugar alguna otra clase de poblamiento, pues, según informes que he podido obtener, existió un ventorro junto a otros edificios, en las inmediaciones del santuario. uno de cuyos muros ostenta la fecha de 1614- No cabe duda, sin embargo, de que edificio primitivo es bastante anterior, así como el culto al primitivo numen acuático, que debe de remontarse a los tiempos prehistóricos.

LA PRESENCIA TEMPLARIA.

Una de las cosas que me llamo la atención, fue el hecho de los Los Santos hubiera sido posesión templaria. La mística que acompaño la trayectoria de la Orden del Temple en España, ha sido estudiada, documentada y detenidamente, entre otros, por el investigador Juan García Atienza. No voy, por ello, a entrar en las disquisiciones sobre el particular. Si debo decir, no obstante, que los templarios, siguiendo su propio esquema doctrinal, su filosofía mistérica, eligieron un lugar -Los Santos- que, de algún modo, se hallaba ya <<preparado>> desde tiempo inmemorial para recibir nuevos aires de simbología ocultista. Todo ello me interesó desde el primer momento, y más, a medida que fui descubriendo la existencia de una serie de elementos y tradiciones referidas al pueblo, a través de los cuales, era posible trazar el perfil de su personalidad ancestral.

Tampoco hay que olvidar que la custodia y defensa de los caminos de peregrinación fue una de las misiones asumidas por los caballeros templarios. en tal sentido, Los Santos se constituía en lugar clave en al vigilancia y mantenimiento del espíritu de la peregrinación, que siempre estuvo imbuida del sentido iniciativo. Un sentido que solamente en los últimos tiempos, sofocado por la riada turística, en una sociedad masificada y consumista (de lo sagrado, inclusive), se ha perdido gran parte.

Hasta hoy, se ha venido ligando la presencia templaria, preponderantemente, a la ruta jacobea del norte de la Península Ibérica, descuidando la importancia que, a este respecto, tuvo también la Ruta de la Plata. Lo ha anotado García Atienza: antes y después de la peregrinaciones jacobeas, potenciadas por los benedictinos, ya se habían constituido otra ruta de la peregrinación que discurría por el oeste hispano (J.G.ATIENZA: La meta secreta de los templarios. Ed. Martínez Roca. Barcelona, 1979; Pág.. 258(n.6). La existencia de una posesión de la Orden del Temple, en Los Santos, cumplía, pues, todos los requisitos....

Los templarios se asentaron en determinados enclaves de carácter mágico y, a menudo, no solían andar lejos las aljamas judías. Pues bien, recordare que, en Monleón, persistió una de tales aljamas hasta la expulsión de los judíos en el año 1492 por orden de los Reyes Católicos. No pretendo, por lo demás, forzar demasiado las ordenes de asociación entre la posesión templaria de Los Santos y la proximidad de tal judería, pero debo acentuar la idea de que nos encontramos ante una serie de elementos relacionantes y no ante un nuevo cúmulo de coincidencias; estas lo son, únicamente, en la mente de quienes ignoran que, incluso desde el punto de vista ecológico, todo cuanto haga un individuo o una comunidad se apoya, forzosamente, en la existencia de unos referente determinados que afectan a sus pautas de comportamiento, y que estas, a su vez, se constituyen en referentes de otros individuos o comunidades.

Como formando parte del mismo contexto esotérico, habría que hablar, además, de la existencia de minas de minerales diversos -wolframio, scheelita, hierro, molibdeno, zinc, plomo, cobre...-, algunos de los cuales pudieron haber sido explotados ya en época antigua, si juzgamos por los restos de hornos de fundición existentes en el Tejar y a orillas del rió Alagón; sin contar los escoriales, producto de la metalurgia del hierro, que se ven sobre la margen izquierda del arroyo de Santa Maria y que se hallan relacionados con la presencia de un poblado prehistórico en el Alto de la Calera.

Por tales conceptos, no ha de resultar casual, la presencia de la Orden del Temple en esta zona, pues es sabido que aquella buscó con frecuencia la proximidad de yacimientos mineros. Todo parece indicar que también en Los Santos se repetiría el mismo esquema.

Insistiré en un aspecto, relativo a la vigilancia de una zona mágica a cargo de los caballeros templarios: próximo a Los Santos -apenas cinco kilómetros-, se halla el pico Monreal, en una zona recorrida por formaciones de rocas calizas, en las que, según la tradición, existen pasadizos subterráneos, donde se halla oculta una cabra de oro. Por otro lado, resulta que la desaparecida ermita de Santiago (apóstol cuya existencia real aparece envuelta en una nebulosa y cuya aparición en las costas gallegas se halla rodeada de todo un mundo de símbolos precristianos) se alzaba, justamente, junto a una fuente (sagrada), al pie de la Calzada de la Plata y en las inmediaciones de un enclave prehistórico, donde se han descubierto hachas de piedra pulimentadas y otros objetos de posible carácter votivo (Tales objetos se hallaban en poder de don Manuel Rodríguez, cura párroco que fue de Fuenterroble de Salvatierra, cuando yo los vi en el 1976. La ermita de Santiago se hallaba ubicada a unos tres kilómetros al nordeste de Los Santos). En tal contexto, se inserta la leyenda de una doncella encantada que se aparece en la Fuente del Valle, al este de Los Santos. Es clara la alusión a la presencia de un numen acuático, así como la relación del mismo con otros varios elementos que configuran el entorno mágico de Los Santos, sin perder de vista el aspecto de su ubicación en una zona que, como ya se ha dicho, posee yacimientos minerales.

En este orden, y a efectos de prestar una orientación al lector, señalare que, un poco mas al norte, a unos cuatro kilómetros del lugar de Santiago, se ubica la ermita de Santillán (San Julián). A quinientos metros de distancia de ella, hacia el este, pasaba la Vía de la Plata, todo lo cual se hallaba en consonancia con el patronazgo del santo, en su condición de protector de viajeros y peregrinos. Dicha ermita es mencionada, en algunas tradiciones locales, como <<posada del peregrino>> en alusión al carácter del santo, conocido por el sobrenombre de El Hospitalario. Hoy, no quedan ya restos de la construcción; sin embargo, todavía en el verano de 1977, en el transcurso de unas excavaciones arqueológicas, fueron exhumados diversos restos pertenecientes a una necrópolis altomedieval, como ya dije anteriormente, y, también, parte de los cimientos de lo que debió ser un santuario. En cualquier caso, importa mencionar la existencia de un poco de abundante caudal de agua, que recibiría culto desde la mas remota antigüedad.

El emplazamiento de Los Santos no es, pues, aleatorio. Convendría tener en cuenta, en tal sentido, ciertas investigaciones realizadas por el citado Atienza; en la prolongación de las líneas que, con centro de Ucero (Soria), dibujan los brazos de la cruz del Temple, se situaban algunos de los principales enclaves de la Orden, entre todos, Toledo, Padrón, Ponferrada y Tomar (Portugal. J.G.ATIENZA: La meta secreta de los Templarios Op.cit.pags. 72 y 79). Los ángulos de la susodicha cruz forman ángulos de 40 grados. Pues bien: La iglesia de San Bartolomé , en Los Santos, se levanta justamente sobre la líneas W-SW., que enlaza los enclaves templarios de Ucero y Tomar (Los Templarios habían adoptado como emblema varias cruces, las cuales presentaban ligeras variantes sobre la que llevaban dibujada o grabada en sus capas y ensenas).

El profundo significado del emplazamiento de los distintos centros templarios ha de relacionarse con la búsqueda del Conocimiento y al perpetuación de la Tradición, que empeño a los freires en un esfuerzo sin par entre todas las ordenes militares en Europa.  Uno de esos centros era el núcleo de Los Santos, al que hay que reconocer su carácter mistérico, en un lugar sacralizado rodeado de ermitas, próximo a ciertos pasos de peregrinación. Una de dichas ermitas, la de Santiago, en termino de Fuenterroble de Salvatierra, se halla ubicada, como ya he dicho, junto a un camino antiquísimo, utilizado, más tarde, como calzada romana y, posteriormente, como cordel de ganados. No hay que olvidar que, en la proximidad de tal santuario, había plantaciones de vides, como así lo atestiguan los topónimos de las Viñas y Rodero de las Viñas; por otro lado, dichos lugares constituyen puntos de contacto entre materiales litológicos diversos: cuarcitas, pizarras, calizas y granitos, entre otros.

Un indicio más de vinculación del núcleo de Los Santos a la Orden del Temple vendría reflejado a través del topónimo-hidrónimo Fuente de los Abades. La existencia de fuentes y corrientes de agua diversas en el ámbito de enclaves sagrados, ha contribuido a reforzar la sacralidad de los mismos. En tal sentido, hay que considerar, también, la presencia de dos arroyos que discurren al sur del pueblo, y cuyos nombres son muy significativos: Rodero y Husillo (Rueda y huso o husillo hacen referencia a movimiento circular y a tejido, respectivamente. En ambos casos, se revela un sentido iniciativo, en relación con la presencia de vides y también de ciertos restos arqueológicos, tales como dólmenes y menhires). Ciertamente, para quien no este introducido al tema del simbolismo ancestral, pasaría desapercibido, seguramente, el significado de tales hidrónimos. Estos suelen señalar la proximidad de viñedos, como ocurre no solamente en Los Santos, sino también en otros muchos puntos de la Península Ibérica. Nos volvemos a encontrar, así, con algunas de las claves que sirvieron para transmitir y reafirmar el carácter sagrado de la zona en cuestión, mas allá de la acepción ortodoxa cristiana, atendiendo aspectos simbólicos de la naturaleza ancestral. Lo diré en otras palabras: el núcleo de Los Santos era ya sagrado y mágico mucho antes de que allí hubiera asentamiento cristiano alguno.

El enclave en cuestión, reúne la condición de centro del mundo. Se trata de un microcosmos, cuya entidad y cuyo simbolismo y significado son de carácter universal. Dicho sea de paso, los fundamentos auténticos de la sacralización se encuentran en las leyes de organización del universo, las cuales existen desde mucho antes de ser descubiertas; esto es: las leyes cosmologiítas no han sido inventadas o creadas en un momento dado por un hombre o un grupo de hombres determinado. Y apunto de todo esto, dado que, con demasiada frecuencia, muchas personas se muestran dispuestas a negar de antemano aquello que desconocen; lo cual ha dado lugar a que muchas de las tradiciones, leyendas y costumbres propias de cada pueblo, hayan llegado a ser conceptuadas simplemente como materia de folklore,  presentando, entonces, un sentido peyorativo el mantenimiento de las mismas, olvidando así, que en todo ese bagaje de orden cultural, subyace un saber oculto, al que se accede, únicamente, a partir de un cierto grado de iniciación.

Quien lea todo esto sobre la comarca de Entresierras, podrá ir viendo que hay ciertos aspectos de ella que deben ser explicados a partir del conocimiento de la Tradición, conservada, en ocasiones, bajo diversos ropajes de sesgo esotérico. En razón de semejante particularidad, hay que desprenderse de ideas preconcebidas y buscar, entonces, el posible sentido ulterior de diversas manifestaciones religiosas, psicológicas o sociológicas, las cuales no constituyen una producción cultural aleatoria, por parte de la comunidad, sino que se asientan en la existencia y en la expresión de una serie de leyes de dimensión cosmológica.

LAS CRUCES.

A lo largo de los cordeles que atraviesan el termino de Los Santos de norte a sur, el hombre ha ido dejando testimonios de su paso. El discurrir de ganados por los distintos cordeles venia a coincidir con el itinerario de peregrinación que siguieron hombre y mujeres desde las tierras del sur hasta la mágica costa noroeste. Uno de tales cordeles penetraba en el termino de Los Santos por el sur, a través de los Ballesteros, cruzaba luego por el Soto y continuaba hacia el nordeste, pasando por el arroyo de las Cruces, sobre cuya margen derecha pueden verse, grabadas en el borde de una pena que mira hacia el oeste, una treintenas de cruces latinas, cuyo tamaño oscila entre los diez y los veinticinco centímetros. también hay varias cruces mas en algunas otras penas de las proximidades.

La presencia de tantas marcas se ha prestado a toda suerte de interpretaciones. Hay quien piensa que, simplemente, las habrían hecho los pastores o los arrieros que circulaban por los cordeles desde tiempo inmemorial. Es más probable, sin embargo, que tales signos, aparte de su condición de hitos, guarden relación con el carácter sagrado de determinados puntos del camino. La profusión de cruces en el termino de Los Santos es algo que ya se daba siglos atrás, como se pueden comprobar a través de la lectura de documento de Autos de Posesión de la Villa; en el llamado lugar del Alcantarillo, había una pena con siete cruces, trazadas a pico, la cual servia de mojón y límite entre las villas de Béjar, Los Santos y el lugar de Valdefuentes (fol.67). En Majallana había otro mojón, sobre una pena en la que había grabada una cruz. Asimismo, en el pago llamado La Escoba, en la Calzada Real, había dos penas, de diferente tamaño, de las cuales, la menor de ellas, tenia marcadas nueve cruces, qué, al igual que en los otros casos fueron renovadas durante las pertinentes operaciones de deslinde y amojonamiento llevadas a cabo en el mes de febrero del año 1644 (fol.68). Otro tanto se hizo con las cruces y rayas de la Fuente del Rachón, y con la cruz del Horcajo; todas ellas talladas a pico. Se conservan, además, otras, exentas, talladas también en granito: la del Humilladero, al norte del pueblo; la de San Roque, al este; la de las Eras, al sur; la de la ermita de Nuestra Sra. del Gozo al suroeste y la de la Cañadilla, al noroeste.

Ya en el año 1631, al otorgar la posesión de la villa de Los Santos a don Francisco López de Zúñiga, se había llevado a cabo el amojonamiento del termino, lo cual no quiere decir que con anterioridad a esa fecha no se hubiera hecho ya algún deslinde de los terrenos correspondientes. De hecho, la denominada cruz de los Obispados marca la divisoria de los Obispados de Salamanca, Béjar, Coria y Plasencia. Sin embargo, es posible que existiera allí otro hito de delimitación jurisdiccional más antiguo, si nos paramos a considerar que la constitución de las dos últimas circunscripciones eclesiásticas se remonta al año 1230, fecha en que tiene lugar la unión definitiva de los reinos de Castilla y León.

No se vaya a pensar que la proliferación de cruces en el termino de Los Santos obedezca a meras cuestiones de señalización jurisdiccional. El carácter de hito que dichas señales presentan, no ha de hacer olvidar su <<otra>> significación; no se colocaban, pues, arbitrariamente; antes bien, poseían también un sentido simbólico, alusivo a la condición sagrada del espacio habitado.

ASPECTOS HISTÓRICOS

Con independencia de los asentamientos prehistóricos del Prado Bazán y del Alto de la Calera, Los Santos constituía un núcleo de población ya en época romana, como así parece indicarlo un epitafio catalogado por Hübner y al cual se refiere Gómez-Moreno (M.GÓMEZ-MORENO: Op.cit.; págs. 424-425). Por otra parte, la Calzada de la Plata, antigua ruta de peregrinación (como se verá en su momento), y vía romana, discurre tres kilómetros al este del pueblo de Los Santos. Como curiosidad, diré que, en un corral de esta localidad, hay un fragmento del miliario número CXIV, correspondiente a dicha calzada y que debe de proceder de algún punto próximo a Peromingo.

La ubicación de Los Santos, en una zona especial interés, desde el punto de vista religioso y antropológico, explica el que dicho lugar llegara a ser una posesión templaria, que pasó, posteriormente, a depender de la jurisdicción de Monleón (M.GÓMEZ-MORENO; pág. (el autor cita a Sánchez Cabañas)). El renacimiento del pueblo a partir de la Edad Media se debe al asentamiento, en él, de repobladores, entre los que había gentes del norte de España, según apuntan algunos de los apellidos de larga tradición en Los Santos: Zúñiga, Álvarez... Por otra parte, la antigua presencia morisca se revela a través de topónimos tales como los Morilles (nombre de una calle del pueblo) y los Moritos, junto al cordel de ganados; además de la pervivencia del apellido Morato, que figura en documentos a partir del siglo XVII.

Los Santos era uno de los lugares donde se pagaba el impuesto del portazgo a finales del siglo XIV, época en que poseía propiedades allí el cabildo salmantino, el cual tomó los préstamos de Los Santos en el año 1454, los de Monleón y Endrinal (ARCHIVO CATEDRALICIO DE SALAMANCA: Caj. 14, leg. 2, nº 17.-1º).

Por aquellos años, Los Santos había participado en la Invasión de una serie de tierras concejiles de jurisdicción de la ciudad de Salamanca, lo cual comportó operaciones de quema y desmonte con el fin de cultivar cereal, protagonizadas también por otros núcleos vecinos, entre ellos Monleón y Endrinal, como así se destacará en las correspondientes pesquisas que los reyes mandaron realizar (N.CABRILLANA: op.cit.; pág. 280).

Bajo el reinado de Felipe IV, Los Santos figura ya con categoría de villa. En el año 1631, fue vendida su jurisdicción, señorío y vasallaje a don Francisco Diego López de Zúñiga y Sotomayor, duque de Béjar (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 1 v.).

A raíz de ello, habiendo pretendido la villa su tanteo, se siguió pleito ante don Alfonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor, duque de Béjar, en calidad de curador de la persona y bienes de don Juan Manuel de Zúñiga, marqués de Valero y duque de Béjar, hermano suyo y poseedor de dicha villa. Esta obtuvo sin embargo, la concesión del tanteo, siéndole favorable la resolución correspondiente. Pedro Álvarez y Matías Morato, y vecinos de Los Santos, reunieron entonces 64.567 reales y tres maravedíes de plata doble, más 2.770 maravedíes en moneda de vellón que importaron la mitad de las costas (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 3 v.); cantidad que tuvieron que pagar al duque, haciendo entrega de la misma el día 31 de diciembre del año 1643 a Bartolomé Espínola, conde de Pezuela de las Torres, factor general del Consejo de Guerra y Hacienda de Felipe IV.  [ver documento nº1]

El tal Bartolomé extendió la correspondiente carta de pago el 2 de enero de 1644 ante Antonio González, escribano, declarando tener en depósito la consabida cantidad de dinero para emplearla debidamente en su momento. El día 7 de enero del año referido, Matías Morato y Bartolomé de Retuerto, vecinos de la villa de Los Santos, en nombre del Concejo, Justicia, Regimiento y Vecino particulares de ella, y, ante Juan Gómez, escribano, se disponen a ejecutar lo que el rey ha dispuesto: <<...Os mando que luego (que) os sea entregada (la presente), vayáis con vara alta de mi Justicia a la dicha villa de Los Santos y a las demás partes que fuese necesario y despojéis al dicho don Juan Manuel de Zúñiga, marqués de Valero y al dicho duque de Béjar... o a cualquier otro poseedor que a la sazón fuese de la dicha villa...>> (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 4 v.).

Así, pues, se otorgó a la villa de Los Santos potestad para impartir justicia, tras haber retirado de los lugares públicos todas las insignias de su anterior poseedor. Tal potestad comprendía la instalación de horca, picota, cuchillo, cárcel, cepo y pena de azote, así como las demás insignias que se acostumbrada a poner en ciudades y villas. El documento al que me estoy refiriendo es explícito en este sentido y se refiere al año 1644. En el mes de febrero del mismo año, se publica un edicto, el cual fijó a un poste existente junto al portalito, por el que se mandaba retirar las insignias del duque de Valero y se legitimaba la colocación de las de Los Santos. Cerca de la ermita de San Jorge se levantó un horca de tres palos y, en el palo del medio, que atraviesa dicha horca, se clavó un cuchillo, para que sirviera y se reconociera como insignia de jurisdicción propia de la villa de Los Santos, castigando con pena de cien azotes y diez años de galeras a quienes, siendo hombres ordinarios, osaren quitar y derribar tales insignias; mas, en tratándose de nobles, se impondría a cada uno una multa de cien mil maravedíes para la Cámara Real y destierro del reino por cuatro años (Autos de Posesión de la Villa de Los Santos..., fol. 36 y 37). [ver documento nº2].

De la lectura del citado documento, se desprende que las casas del Ayuntamiento se encontraban junto al Portalito. Por lo demás, este último ya era considerado, en aquella época, como el lugar público y principal de la villa, pero no se ofrecen datos que pudieran arrojar alguna pista sobre la función y origen del mismo. la opinión más generalizada es que debía de servir como <<marco>> del rollo que se levantaría como expresión del poder inquisitorial. Sin embargo, las características del Portalito, con tejado a tres vertientes sostenido por dos columnas de granito y adosado a la pared de una casa en la calle principal del pueblo, sugieren que aquél pudo haber servido más bien de monumento simbólico de sacralización del núcleo del pueblo. Respecto al supuesto rollo inquisitorial, pudiera haberse levantado, quizás, sobre un pedestal de piedra hasta hace unos años y que, actualmente, se encuentra sepultado, en el mismo lugar, bajo un pavimento moderno.

Después de la adquisición de los derechos de propiedad de la villa de Los Santos por parte de sus vecinos, éstos procedieron a amojonar de nuevo los términos de la misma, como antes se dijo, lo cual comportó una reorganización de las formas económicas propias del lugar. La amplitud del término municipal era considerable: una legua de este a oeste y tres cuarto de legua de norte a sus. La naturaleza rocosa del terreno no permitía la puesta en práctica de explotaciones cerealísticas de gran extensión, salvo en algunas áreas al norte del término. El cultivo del lino gozaba ya de gran tradición. Los plantíos de viñas y de castaños regoldanos, constituían, por otra parte, ya en el siglo XVIII, uno de los recursos naturales aprovechados por los habitantes de Los Santos. Así en el año 1752, había cuatro mil ochocientas parras, de las que se cosechaban, en total, alrededor de setenta y cuatro arrobas de uva; había, además, sesenta pies de castaños regoldanos de primera calidad, de cada uno de los cuales se recogían quince fanegas de castañas, más varios castaños de injerto, de primera, segunda y tercera calidad, que producían veinte, quince y diez fanegas de castañas, respectivamente (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg.509, fol. 42 Archivo General de Simancas). Uno de los plantíos de castaños regoldanos existentes por aquel entonces en Los Santos, había surgido recientemente, a raíz de las disposiciones citadas por el rey Carlos III en materia de repoblación forestal, por lo cual se comprende que no diese fruto todavía (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg.509, fol. 30 Archivo General de Simancas).

De toda la producción. los vecinos de Los Santos pagaban diezmos y primicias al Colegio de PP. Jerónimos de la Orden de San Jerónimo de Guadalupe de la ciudad de Salamanca.

La población de Los Santos, que había llegado a sumar doscientos ochenta vecinos en el año 1534 (T. GONZÁLEZ: Censo de población de la provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Madrid, 1829; pág. 99), disminuyó considerablemente en el año 1752, fecha en que contaba sólo con ciento uno (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas generales. Leg. 509 fol.51. Archivo General de Simancas). alcanzando más tarde, en el año 1849, los ciento sesenta y ocho (P. MADOZ: Diccionario...; pág.853). Según el censo del año 1981,  la población de Los Santos era de 854 habitantes (INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA: Censo de la Población de España de 1981, Madrid 1984).

Se podrían contar numerosas, curiosidades, como la remodelación de la plaza de la iglesia, en la que se puede ver la antigua casa del cura, que se pueden ver en el apartado de fotos antiguas, album nº 11-12, otra de las remodelaciones de la plaza mayor y la colocación del abeto. (ver apartado de remodelaciones)

Hechos que sucedieron en la provincia de Salamanca después de la guerra civil, algunos de ellos en Los Santos según versión de la  Asociación Salamanca Memoria y Justicia  ver su página web

Enigmas de la historia... ¿Fue el maquis una fuerza democrática? ver artículo

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Última actualización 06 de Diciembre del 2000
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